Para mejorar una vida y por tal razón, toda conducta humana hay que mejorar el hablar y el pensamiento para bien y la justicia. No se puede llegar a bien cuando se le habla a otro si no mejoramos dos palabras: lisonjeros y la lengua jactanciosa.
Cuando se es halagado se es suave, resbaladizo y agradable.
El que busca congraciarse (ganarse, conquistar) con alguien mediante alabanzas.
Aquella persona que le agradará con quien habla.
Busca con la adulación (halago, alabanza), con intención de obtener algún tipo de beneficio. (ventaja, interés, o reconocimiento).
Las personas que son jactanciosas son personas arrogantes, presuntuosas, les encanta glorificarse (hacer glorioso, ensalzar) cuando no lo son.
Les encanta hablar sobre todo de sus propias obras.
Es extraño que el yugo fácil del Señor sea tan duro para "los hombros del orgulloso", en tanto que las cadenas de Satanás que los atan le parezcan de oro.
Uno se imagina generalmente que los halagadores son parásitos despreciables, que se arrastran y lamen y que no pueden ser orgullosos; pero el sabio te dirá que si bien todo orgullo es verdaderamente mezquino (tacaño, ruin) hay mucho orgullo en la mezquindad extrema.
Cuando se es jactancioso (arrogante, engreído) se habla tan solo sobre todas sus propias obras.
(Salmos 12: 4) Todo el que sabe de oratoria, y cuanto más saben hablan cual sea su especialidad de su tema, contra la iglesia.
Los que pretenden saber hablan muy apasionado contra la iglesia.
Nuestros labios por nosotros; ¿Quién va a ser amo nuestro?
Le tenemos que ver con Dios.
Hemos de dejar de decir que somos nuestros.
Entonces considerar (pensar) a Dios como nuestro amo.
(Salmos (12:5) Por la opresión de los humildes.
La pobreza, la necesidad y la miseria deben ser motivos para la compasión.
Los opresores hacen de ellas las piedras afiladoras de su crueldad y severidad.
Los menesterosos (falto, necesitado, carece de mucho) Dios les ayudará de los opresores; sí, Él defenderá su causa con pestilencia y fuego.
(Salmos 12:6) las palabras de Jehová son palabras sinceras, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.
Las palabras del hombre son sí y no, pero las promesas del Señor son sí y amén.
En el original hay una alusión (referencia, cita) al proceso purificador más estricto conocido por los antiguos, por medio del cual la plata pasaba al grado de pureza máximo deseado; la escoria era consumida totalmente y solo quedaba el metal precioso y reluciente; así limpio y libre de toda aleación (mezcla) de error o infidelidad es el libro de las palabras del Señor.
La Biblia ha pasado por medio del horno de la persecución, el criticismo literario, la duda filosófica, los descubrimientos científicos y no ha perdido nada sino las interpretaciones humanas que se adhieren a ella como aleación al precioso metal.
Lo que purifica la plata, para conseguirlo la introducían en el fuego una y otra vez, hasta que quedaba totalmente probada.
La doctrina de la gracia gratuita de Dios ha sido puesta a prueba una y otra vez y mil veces.
Pasan muchas pruebas y una y otra vez y mil veces.
Pelagio empieza y mezcla con ella su escoria, luego semipelagiamos los papistas, ramonianos y siguen mezclando escoria; y al día de hoy hay una multitud de escoria que se mezcla.
Dios hace que su verdad sea probada siete veces en el fuego, hasta que puede presentarse pura, como debe ser.
(Thomas Goodwin) Y digo esto porque esta verdad es preciosísima.
La Escritura es el sol; la iglesia es el reloj.
El sol sabemos que es seguro y regular de modo constante en su movimiento; el reloj puede adelantarse o bien atrasarse.
Por ello, hemos de condenar como loco al que profesa confiar en el reloj más bien que en el sol y también no podemos por menos que echar de ver la credulidad de los que prefieren confiar en la iglesia a confiar en las Escrituras.
(Proverbios 30:5) La palabra de Dios es limpia, es escudo a los que en Él esperan; "así como el oro no sufre pérdida al ser sometido al fuego, tampoco las promesas sufren pérdida cuando son puestas a prueba, sino que siguen válidas aún en nuestras mayores tribulaciones. (Thomas Manton). Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Sostenido En La Palabra
Salmos 12:3-8
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.”
Para mejorar la vida hay que mejorar el hablar y el pensar, y eso empieza por dejar dos cosas: los labios lisonjeros y la lengua jactanciosa. Frente a las palabras del hombre, que son sí y no, las palabras de Jehová son limpias como plata refinada siete veces, y en ellas nos sostenemos. Estos son los puntos para la semana.
- El lisonjero busca congraciarse con alabanzas para sacar algún beneficio; el jactancioso es arrogante y le encanta hablar de sus propias obras. Y aunque el adulador parezca humilde, hay mucho orgullo en la mezquindad extrema.
- Es extraño que el yugo fácil del Señor le pese tanto al orgulloso, mientras las cadenas de Satanás que lo atan le parecen de oro.
- «Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?». Así habla el orgulloso, pero tenemos que dejar de decir que somos nuestros, y considerar a Dios como nuestro amo.
- La pobreza y la necesidad deben mover a compasión, pero el opresor las usa para afilar su crueldad. Dios se levanta por el gemido de los menesterosos y defiende su causa.
- Las palabras del hombre son sí y no; las promesas del Señor son sí y amén. Como la plata purificada siete veces, la Palabra está libre de toda mezcla de error o infidelidad.
- La Biblia ha pasado por el horno de la persecución, la crítica, la duda filosófica y los descubrimientos científicos, y no ha perdido nada sino las interpretaciones humanas que se le pegaban como escoria.
- La Escritura es el sol; la iglesia es el reloj, que puede adelantarse o atrasarse. Y como el oro no pierde en el fuego, las promesas siguen válidas aun en nuestras mayores tribulaciones.
Esta semana, antes de hablar, cuida tu lengua de dos cosas: no adules a nadie para ganar algo, y no hables de tus propias obras.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Plata Siete Veces al Fuego
Salmos 12:3-8
Para leer en voz alta con los niños
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: todo lo que Dios dice es limpio y verdadero, sin nada de mentira. Antes, para limpiar la plata, la metían en el fuego una y otra vez, hasta que se quemaba toda la suciedad y quedaba brillando.
- Hay dos maneras feas de hablar. Una es decir cosas bonitas que no sientes para que te den algo. La otra es presumir todo el tiempo de lo que tú haces.
- Algunos dicen: «Mi boca es mía y digo lo que quiero». Pero tu boca también le pertenece a Dios, y Él es tu Señor.
- Dios escucha cuando alguien pobre o débil llora porque lo maltratan, y se levanta para defenderlo. Maltratar al débil nunca le sale bien a nadie.
- Las personas a veces dicen que sí y después que no. Pero las promesas de Dios siempre son sí: Él cumple lo que dice.
- Mucha gente ha tratado de acabar con la Biblia, pero ella ha pasado por el fuego y sigue brillando como la plata limpia.
- La Biblia es como el sol, que siempre sale a su hora; los relojes a veces se adelantan o se atrasan. Por eso confiamos primero en lo que dice la Biblia.
¿Qué promesa de Dios te gusta más?
Esta semana, apréndete de memoria el versículo de la plata y dilo en voz alta cada mañana.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
