Balac, rey de Moab y Balaam, profeta pagano del territorio de Moab (Números 31:8) estaban ocupados en hacer a Israel el mayor daño posible mientras que Moisés y los ancianos de Israel no parecen darse cuenta de nada de lo que sucede. Dios echa por tierra los planes del enemigo y cambia en bendición la maldición que Balac y Balaam planeaban.
Se empiezan planes de maldecir a Israel.
El pueblo está ajeno a todo.
Van de camino por Moab, sin imaginar todo lo que se ha maquinado en contra de ellos.
En la vida siempre hay grandes preparativos para maldecir.
Era comprometer al Dios de Israel a que desamparase a su pueblo y que se pusiera de parte de Moab.
En su sacrificio era como si Dios deseara comer carne de becerros y beber sangre de carneros.
Esto no era fe ni obediencia.
La maldición se cambia en bendición, absoluto y total poder de Dios que todo lo controla.
Balaam se retira a una altura a solas y Balac se quedaba allí según la costumbre babilónica.
Pero Balaam abrigaba idea de que Jehová le saliese al encuentro, puesto que, al ser consciente de su pecado y saber que Dios le había salido al encuentro con ira la vez anterior.
(V. 3) Tenía razones para hablar con dudas: "Quizás Jehová me vendrá al encuentro".
Lo cierto es que, fuese cual fuese su intención, Dios estaba decidido a hacer de "él un instrumento de Su gloria" y de la de Israel y por eso "vino Dios al encuentro de Balaam" (V. 4).
Dios lo iba a obligar "a pronunciar en honor de Jehová y de Israel una alabanza tan estupenda, que dejase para siempre sin excusa "a cuantos" quisiesen levantarse en armas contra el Israel de Dios y el Dios de Israel.
(V. 4) Al encontrarse con Dios, Balaam se jactó del preparativo que había hecho: siete altares he ordenado y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.
Todos estos sacrificios eran gran abominación para Dios, pero Dios para cumplir su propio designio (plan, pensamiento, propósito, intención) "puso palabra en la boca de Balaam".
Balaam pronunció su bendición en los oídos mismos de Balac.
Declara y él está incluido en esta bendición que Israel está a salvo, fuera del alcance de los venenosos dardos de maldición que él mismo le preparaba.
Reconoce que su designio era maldecirles; que Balac le llamó de Aram, su país y que él vino con esta intención (V. 7).
(V. 8) Reconoce que el intento ha fracasado y confiesa su propia incapacidad para llevarlo a la práctica.
No puede pronunciar contra Israel ni una sola mala palabra: ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? (V. 8)
No da a entender Balaam que no quiere maldecir, sino que no puede maldecir.
Clara confesión: a) de la debilidad e impotencia de sus poderes mágicos y b) de la soberanía y el dominio del Dios Omnipotente.
Viene a decir que él no puede hacer más de lo que Dios le permite hacer.
De la inviolable seguridad del pueblo de Dios.
(V. 9) Declara que Israel es dichoso: es peculiar (propio, distinto que los demás) y feliz por ser distinto del resto de las naciones. Desde la cumbre de las peñas lo veré.
Parece ser que fue una gran sorpresa para Balaam ver un campamento tan extenso con señales tan excelentes de disciplina, de buen orden y distribución tan armoniosa, cuando es muy probable que se le hubiese presentado como una turba ruda y desordenada, que infectaba los países circunvecinos (alrededor de otro) en partidas de vagabundos.
(V. 10) Una formidable compañía que nadie podía contar: ¿Quién contará el polvo de Jacob?
Era una preocupación para Balac el gran número de los Israelitas (22:3).
Se percata primero: del polvo de Jacob aludiendo sin duda a la descendencia de Jacob, de la cual se había profetizado que sería tan numerosa como el polvo de la tierra (Génesis 28:14); en segundo lugar: del número de la cuarta parte de Israel, aludiendo quizás a la formación del pueblo en cuatro escuadrones.
(V. 10) Muera yo la muerte de los rectos, es decir, de los Israelitas y mi postrimería (final, último periodo de la vida) sea como la suya.
Primero: Todos los hombres han de morir, también los rectos han de morir: Muera yo la muerte de los rectos.
Segundo: Dichoso los rectos, no solo mientras viven, sino también cuando mueren.
Tercero: Muestra que sus opiniones religiosas son mejores que sus resoluciones (resolver una solución para una dificultad) prácticas.
Morir como los rectos, pero no se vive el camino de los rectos.
Desean su final, pero no su camino o lo que es lo mismo, querían ser santos en el cielo, pero pecadores en la tierra.
El cristianismo fuese únicamente una religión "para bien morir".
(V. 11) Su reacción, pretendía honrar a Dios con sus sacrificios y "obtener de Dios" una respuesta favorable conforme a sus deseos.
Al ver que Dios no ha respondido como él quería, se olvida de Jehová.
Balaam viene a decirle que no ha tenido más remedio que pronunciar lo que Dios "había puesto en su boca" (V. 12). Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
