Nadie en la vida puede ser un buen "creyente" si no somos probados: (1 Pedro 1:7) para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probada por fuego, sea hallada (que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo), (Job 23:10); cuando me haya probado, saldré como el oro (Salmos 66: 10,12). Porque tú nos has probado, oh, Dios; nos has refinado como se refina la plata. (Jeremías 9:7). Por tanto, así dice el Señor de los Ejércitos: He aquí, los refinaré y los probaré, porque ¿Qué más puedo hacer con la hija de mi pueblo?
Llegamos al Señor inexpertos.
Sin ninguna experiencia en la fe y, por lo tanto, no somos competentes, suficientes para algo.
Por tal razón, ni tú ni yo somos competentes cuando llegamos al Señor, como Abraham en la fe.
Ninguna otra escena en la Biblia, con la excepción del mismo Calvario, es más conmovedora que ésta.
La prueba suprema de la fe de Abraham vino cuando Dios ordenó que ofreciera a Isaac en holocausto en la tierra de Moriah.
En realidad, Dios no tenía la intención de que Abraham cumpliera su mandamiento.
Sabes que Moriah es la cordillera donde está situado Jerusalén (2 Crónicas 3:1) y también es el sitio del Calvario.
Las palabras de Dios: "tu hijo, Isaac, a quien amas, "han de haber sido palabras duras" para Abraham, como una herida profunda.
Tal vez te amas a ti mismo más que a nadie.
Por esto te cuidas, exiges para ti toda atención, cuidos, mimos, te sientes ofendido por todo, porque eres muy amado por ti mismo.
No has caminado por las pruebas de Dios; por tal razón, no tienes crecimiento, no tienes fe ni frutos y no tienes herencia como la tuvo Abraham en la nación de Israel, su fruto.
Has buscado para tu orgullo y no tienes nada en herencia para otros.
Al principio fue probado que se viese que amaba a Dios más que a su padre.
Ahora es probado para que se vea "que ama a Dios más que a su hijo."
Cuando Dios te ha probado es para que dejes ver a quién amas más.
¿Y tú a quién amas más?
Dios probó a Job, para que se mostrase, no solo como un buen hombre, sino como "un gran hombre."
Abraham, se levantó a sí mismo como un escolar que es promovido a "una clase superior", después de haber pasado con toda brillantez la prueba de un examen difícil.
Para su asombro, lo que Dios le dice simplemente es: Abraham, anda y mata a tu hijo.
Cada palabra es como una espada "que llega hasta los huesos"; la prueba es endurecida con frases de acero.
Si fueras tú estarías llorando, llamando a todo el mundo dando la palabra de Dios, como si fuera hiriente para tus oídos porque eres merecedor; ¿de qué?
Dios le pide a su hijo.
Quiero tu hijo: Toma a Isaac, tu risa, tu hijo único.
Toma ahora a ese hijo de ti, a ese único de ti, al que tú amas, a ese Isaac.
Moriah, era a tres días de camino, para que pensara, más tiempo para reflexionar y así el servicio de su fe y de su obediencia sea más razonable y más honorable.
No fue a la ligera, no fue sin pensarlo, fueron horas, minutos, noches y días. ¡Cuánta fe, entusiasmo y confianza en el Dios que le llevaba en fe!
No pretendas que lo que nos toca aprender será de hoy a mañana, somos probados, porque hemos conocido a Dios.
Es un hijo humilde, sumiso y obediente.
Sin descomponerse, va conversando con Isaac acerca del sacrificio, como si fuese a ofrecer un sacrificio corriente.
Pues tal vez, Abraham tenía la confianza: Dios se proveerá de cordero para el holocausto.
Abraham en su largo caminar con Dios, sabía de milagros: Dios le cuidaba de los enemigos, lo alimentaba, le prosperaba, lo guiaba, les dio un hijo a los noventa años de Sara. Creo que Abraham sabía ser probado y cómo hacerle ver a Dios que él era obediente, manso y que le creía a Dios. Estaba gastado en años y conociendo la fe, tenía que saber que el que prueba es Dios porque a Dios le interesa sacar de uno, para seguir todos los días de nuestra vida refinando (sobresaliente, distinguido, selecto, purificar, limpiar, mejorar, afinarse: refinar) para dejar ver que somos de la fe y así nos prueba Dios.
Vienes al culto, pero ¿estás dispuesto a ofrecerle tu corazón a Dios, para que suba hasta Él cómo un holocausto?
Es un acto de fe y de obediencia que merece ser contemplado por Dios, por los ángeles y por los hombres.
(V. 11-12) El mandato de ofrecerle fue solo dado para probar a Abraham; por eso, la orden es ahora revocada (dejar sin efecto la orden): No extiendas tu mano sobre el muchacho.
Acuérdate que cuando más inminente es el peligro, tanto más admirable y bien acogida es la liberación.
Ya conozco que temes a Dios.
Cuando se teme a Dios se deja ver nuestra pronta y voluntaria disposición a obedecerle, servirle y honrarle con lo más querido que tengamos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
