"Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe oyendo y viendo las señales que hacía." Dios estaba con Felipe. Felipe le contaba a la gente la historia de Jesús, el mensaje del amor de Dios revelado en Jesucristo. Y también había sanidad, pues Felipe hacía muchas señales (Hechos 8:7-8 "Porque de muchos que tenían espíritus inmundos salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad."). Él trajo la alegría que los samaritanos nunca habían experimentado. ¡Cuánto alboroto y alegría! ¡Había gran fiesta! Algo bueno pasaba; la atmósfera era de libertad y de mucho bien.
Sin embargo, veremos que el diablo quería tener un lugar en todo aquello. En la fiesta de nuevas vidas y muchos milagros en Samaria estaba Simón el mago disfrutando, acomodándose y tomando un lugar que no le correspondía (Hechos 8:9 "Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria haciéndose pasar por algún grande."). Y creyó aquel Simón. La fe de este hombre y su confesión de ella en el bautismo surgieron de su comprensión de que una potencia mayor que la suya operaba por medio de las palabras y obra de Felipe (Hechos 8:13 "También creyó Simón mismo y habiéndose bautizado estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían estaba atónito."). Su profesión de fe era falsa (Hechos 8:20-21 "Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios."). Simón jamás pensó entregar su voluntad al Señor. Fue malamente ambicioso, sin darse cuenta dónde estaba metiéndose. Simón estaba siempre junto a Felipe, es decir, que no le dejaba en ningún momento. Felipe lo tuvo por creyente genuino, confiaba en él, mientras que Simón buscaba lo suyo propio. No todos los discípulos poseían el don de "discernir espíritus" como lo vemos en Pedro y en Pablo.
Sucede que todavía no había descendido el Espíritu Santo sobre los nuevos creyentes allí en Samaria y para tal propósito les enviaron a los apóstoles Pedro y Juan (Hechos 8:14 "…enviaron allá a Pedro y a Juan…"). Pedro y Juan les trajeron la llenura del Espíritu Santo mediante la imposición de manos (Hechos 8:17 "Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo."). Pero, había que definir quien en verdad iba a entregar su voluntad al Señor. Todos dicen creer. Y claro está que hay que discernir los espíritus para no ser dominados por el engaño.
Allí está Simón con sed de ser grande y quien confunde lo santo por sus impurezas. El Espíritu Santo fue demorado hasta que llegara Pedro y Juan y sería por imposición de manos que lo recibirían los samaritanos que habían creído con Felipe. Pero, rápidamente los apóstoles descubrieron y descartaron a Simón el mago. Simón les hace a Pedro y Juan la propuesta de darles dinero al ver que por la imposición de manos se daba el Espíritu Santo (Hechos 8:18,19 "Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo."). Para él aquella era una magia más elevada que la suya. Tenía la ambición de poseer el honor y poder de un apóstol. Y se atrevió pedirle a Pedro que le vendiera el Espíritu Santo, pensó que los apóstoles eran mercenarios como él. Pensó en la ganancia de la magia, el pensó que podía tener lo de ellos. Pensó que al no soltar a Felipe ya él era uno de ellos, pero con tan grandes y malas ambiciones.
Pedro con su discernir vio lo que había en él. Descubrió el crimen de Simón; y no hubo consideración a tal blasfemia (Hechos 8:22,23 "Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás."). Con dinero Simón quiso comprar salvación, perdón, el don del Espíritu y la vida eterna. Pensó que el poder de un apóstol se podía obtener mediante el pago de honorarios. Pedro lo descubre: "…tu corazón no es recto delante de Dios." (Vs. 20,21)
Somos lo que es nuestro corazón. Si el corazón está torcido ¡no se puede ser recto! Dios penetra hasta lo íntimo del corazón y por él somos juzgados. Nuestro supremo interés debe estar en ser aprobados delante de Dios, de lo contrario, es a nosotros mismos a quienes nos engañamos para nuestra ruina. Pedro dice en el Vs.23: "…porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás." Esto es hablar claro y no hay más remedio que hablar así cuando se trata del bien de las almas y de la eternidad.
A Simón le vino de Pedro la sentencia en el Vs.20: "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero." ¡Fuera el dinero contigo! Nada se debe querer con ese tipo de personas. Una persona que tan groseramente ha despreciado al Espíritu Santo no puede tener parte en la bendición espiritual. Nada que ver esa persona con los dones del Espíritu; ¡su corazón no es recto!
Simón, entonces, pidió oración (Hechos 8:24 "Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí."). Él no se atrevió a orar, sabía que su falta había sido grave y que el Señor no le respondería. Quiere librarse del castigo con que se le ha amenazado. Vemos que Simón el mago obtuvo lo que buscó. Cuidemos nuestro corazón de ambiciones como las de este hombre sin escrúpulos. ¡Seamos limpios y sanos, con UN CORAZÓN RECTO! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Un Corazón No Recto
Hechos 8:4-6
“Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.”
Felipe predicaba a Cristo en Samaria y había gran gozo en la ciudad; pero en medio de la fiesta estaba Simón el mago, que creyó y se bautizó sin pensar jamás entregar su voluntad al Señor. Somos lo que es nuestro corazón, y Dios lo penetra hasta lo íntimo. Estos son los puntos para la semana.
- Felipe les contaba la historia de Jesús: salían espíritus inmundos, y paralíticos y cojos eran sanados. Había gran gozo en aquella ciudad, una atmósfera de libertad y de mucho bien.
- Pero el diablo quería un lugar en todo aquello. Simón el mago, que había engañado a Samaria haciéndose pasar por grande, creyó, se bautizó y estaba siempre junto a Felipe, buscando lo suyo propio.
- Todos dicen creer, y Felipe lo tuvo por creyente genuino. Hay que discernir los espíritus para no ser dominados por el engaño, porque no todos poseen ese don como Pedro y Pablo.
- Cuando vio que por la imposición de manos se daba el Espíritu Santo, Simón ofreció dinero por ese poder. Pensó que los apóstoles eran mercenarios como él y que el don de Dios se compraba.
- Pedro habló claro: tu dinero perezca contigo, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Esto es hablar claro, y no hay más remedio cuando se trata del bien de las almas y de la eternidad.
- Somos lo que es nuestro corazón: si está torcido, no se puede ser recto. Nuestro supremo interés debe ser ser aprobados delante de Dios; de lo contrario, nos engañamos a nosotros mismos para nuestra ruina.
- Simón no se atrevió a orar; pidió que oraran por él solo para librarse del castigo. Cuidemos nuestro corazón de ambiciones como las de este hombre, y seamos limpios, con un corazón recto.
Examina esta semana por qué sirves en la obra del Señor, y pídele a Dios que te muestre cualquier ambición escondida en tu corazón.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Simón Ofrece Dinero
Hechos 8:4-6
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Felipe llegó a Samaria a hablar de Jesús, y toda la gente lo escuchaba con atención y veía los milagros. Allí había un mago llamado Simón que un día sacó su dinero y quiso comprar el poder de Dios.
- En Samaria los enfermos se sanaban y los cojos caminaban. ¡Había una gran fiesta de alegría porque la gente conocía a Jesús!
- Simón el mago dijo que creía, se bautizó y andaba siempre pegado a Felipe. Parecía muy bueno por fuera, pero por dentro solo quería ser importante.
- Cuando llegaron los apóstoles Pedro y Juan, Simón les ofreció dinero para tener el poder de dar el Espíritu Santo. ¡Creyó que lo de Dios se compra!
- Pedro le dijo la verdad bien clara: tu corazón no es recto delante de Dios. La gente no vio lo que Simón tenía por dentro, pero Dios sí lo vio.
- Dios no mira solo lo que haces por fuera. Mira tu corazón y por qué haces las cosas. Si ayudas solo para que te aplaudan, Dios lo sabe.
- Simón tuvo miedo del castigo y pidió que oraran por él. Pídele tú a Dios cada día un corazón limpio y derecho, que no busque lo suyo.
¿Por qué haces las cosas buenas: para Dios o para que te vean?
Esta semana haz una cosa buena en secreto, sin decírselo a nadie.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
