2 Corintios 12:7-12
"Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne..." (2 Corintios 12:7). El aguijón o los aguijones no pueden ser nuestros guías sino el Espíritu Santo. Pero, los aguijones producen el quebranto necesario para nuestra carne que es altiva. ¿Sabes cuán altivo puede ser uno? No pensemos que son complejos lo que tenemos, no, es orgullo lo que hay. También se lo achacamos a las inseguridades, pero en realidad lo que nos traiciona es la estima desmedida que tenemos de nosotros mismos. ¡La grandeza y los halagos nos llenan! Por esa razón, así no se puede llegar a ser un siervo de Dios; pues lo que se quiere es ¡ser amo! y no ¡siervos!
Por eso vemos que el aguijón de Pablo tenía un por qué. Decía el apóstol: "…me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee para que no me enaltezca sobremanera." Hay una razón para tener el aguijón: es para librarnos de lo que es nuestro orgullo. El orgullo está motivado por algo; casi siempre es por lo bien que nos van las cosas. Cuando se ven los éxitos, entonces ¡nos pueden aplaudir! Por eso, si conoces la historia de personas que lograron grandes cosas, podrás ver que tenían aguijones, o eran muy torturados por su mente, o por problemas en su familia o tenían persecuciones; cosas que no le permitirían envanecerse en sus corazones.
¡Nuestro Pablo tenía grandes revelaciones! De Jesús mismo le llegó el llamado de apóstol: "Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios…" (1 Corintios 1:1) Así que aquel que representaba al amado Jesús necesitaba una espina muy dentro de él que le hincara cada vez que fuera a presumir de todo lo que sabía. Porque el saber puede traernos la vanidad, por tal razón se necesita la espina (el aguijón). A Pablo solo le quedaba orar y orar, una y otra vez orar para que le fuera quitado, pero no tuvo respuesta para lo que pedía; eso ¡le tenía que pasar! (Vs. 8) "…respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí…"). Él quería que tal espina le fuera quitada. Pablo la veía como un obstáculo a la eficacia de sus labores apostólicas. Pero, no se le quitó la espina (el aguijón) sino que Dios le dijo: "Con mi gracia te basta, pues mi poder se muestra perfecto en tu debilidad." (Vs. 9)
Hay que conservar la debilidad de lo que son nuestras carencias para que no nos creamos más de lo que nunca seremos. Aunque estemos aturdidos, perdidos en el pensamiento, el poder va a fluir, va a manar de Dios cuando sea necesario. Pablo reconoce lo que le hacía falta: "…muy a gusto me gloriaré todavía en mis debilidades a fin de que resida en mí el poder de Cristo por lo cual me complazco en las debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones, en angustias (dificultades sufridas por causa de Cristo); porque cuando soy débil, entonces soy fuerte."(Vs. 9-10) En el desfallecimiento humano vemos como a Pablo se le revela el poder de Cristo y del Espíritu Santo. (Salmos 143:10 "Enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.") Cuando estás incapacitado, entonces es cuando eres más fuerte porque interviene la presencia del Espíritu de Cristo. "Tu buen Espíritu me guie…" Si el Espíritu nos guía no podemos desfallecer; seremos firmes.
Dios tiene Su poderoso medio que utiliza en nuestras vidas para que seamos guiados, el Espíritu Santo. Nos envía el aguijón como llaga y no es asunto nuestro para discutirlo. Y el Espíritu Santo es su medio para llevarnos a su santa voluntad. Si le conocemos sabemos muy bien que Dios nos capacita. Nos capacita cuando hay tanta debilidad en uno, no para con el pecado, sino por nuestra naturaleza débil pues salimos del polvo. Génesis 1:1-2 "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas." Cuando el Señor crea la tierra, podemos ver que se le llama que estaba desordenada. Pero, eso es en lo que se refiere para ti y para mí, no para Él. En todo aquello que pareciera desordenado, estará allí la presencia de la Deidad: ¡El Espíritu Santo! El Espíritu Santo, el poderoso medio que Dios utilizó para trabajar con toda la creación, la fuerza activa de Dios que se movía de un lado a otro. El Espíritu Santo es el que estaba en operación, en acción o maniobra. El encargado es el Espíritu Santo, la fuerza dinámica mediante el cual se llevó a cabo la creación. El Espíritu sabe todo por los siglos. ¡Es Dios! ¡Él si sabe hacerlo todo perfecto y eficiente! Tú y yo ¡NO! Por eso, dependemos enteramente del Espíritu Santo.
Hay que dejar que el aguijón haga la función de apaciguar nuestra vanidad y que así veamos lo limitado de nuestras fuerzas humanas, entonces nos vamos a encontrar débiles y flojos y dejaremos lo de nosotros para no dañar lo santo. Y como hizo en la creación, dejemos que sea el Espíritu Santo el que se mueva en nosotros para guiarnos y que no sean nuestras fuerzas. Será entonces que dependeremos de Dios para que nos guie a su santa voluntad; que no sea nada de nosotros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
El Aguijón Me Quebranta y El Espíritu Me Lleva
2 Corintios 12:7-12
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”
El aguijón no nos guía: nos quebranta. El que nos guía es el Espíritu Santo. Dios permite la espina para que el orgullo no nos levante, y en nuestra debilidad se muestra su poder. Estos son los puntos para la semana.
- El aguijón produce el quebranto que necesita nuestra carne altiva. No son complejos ni inseguridades lo que tenemos: es orgullo, la estima desmedida de uno mismo, y así no se puede llegar a ser siervo de Dios.
- El aguijón de Pablo tenía un porqué: librarlo del orgullo. El orgullo casi siempre viene de lo bien que nos van las cosas, y quienes lograron grandes cosas cargaron aguijones que no los dejaban envanecerse.
- Pablo tenía grandes revelaciones, y el saber puede traer vanidad. Tres veces rogó que le quitaran la espina y no se la quitaron; Dios le respondió que su gracia le bastaba y que su poder se perfecciona en la debilidad.
- Hay que conservar la debilidad de nuestras carencias para no creernos más de lo que nunca seremos. Cuando estamos incapacitados es cuando somos más fuertes, porque interviene la presencia del Espíritu de Cristo.
- El aguijón nos llega como llaga y no es asunto nuestro discutirlo. El Espíritu Santo es el medio de Dios para llevarnos a su santa voluntad, y nos capacita porque somos débiles: salimos del polvo.
- En la creación la tierra estaba desordenada y vacía, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Donde a nosotros todo nos parece desorden, allí está obrando el Espíritu, que sí sabe hacerlo todo perfecto.
- Dejemos que el aguijón apacigüe nuestra vanidad y nos muestre lo limitado de nuestras fuerzas. Así dejaremos lo nuestro para no dañar lo santo, y dependeremos enteramente del Espíritu Santo para que nos guíe.
Cuando te pinche el aguijón esta semana, en vez de pedir solamente que se vaya, ora como el salmista: «Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Espina que Pincha
2 Corintios 12:7-12
Para leer en voz alta con los niños
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios le dijo a Pablo que su ayuda le bastaba, y que cuando él se sentía débil, Dios lo hacía fuerte. Pablo tenía como una espina clavada que le dolía, y Dios no se la quitó para que no se creyera más que nadie.
- Pablo sabía muchísimo de Dios y hacía cosas grandes. Pero cuando a uno le va muy bien, es fácil creerse mejor que los demás. Eso se llama orgullo.
- Dios dejó que Pablo tuviera una espina, algo que le dolía por dentro. Cada vez que Pablo iba a presumir, la espina le pinchaba y le recordaba que necesitaba a Dios.
- Pablo le pidió a Dios tres veces que se la quitara, y Dios no se la quitó. Le dijo: «con mi gracia te basta». A veces Dios dice que no porque nos ama.
- Ojo: el orgullo es peligroso aunque nadie lo vea. Uno puede decir que es tímido o inseguro, pero Dios ve el corazón y sabe cuando lo que hay es orgullo.
- Cuando te sientes débil o no sabes qué hacer, no estás solo. El Espíritu Santo, que se movía sobre las aguas cuando Dios creó el mundo, también te ayuda y te guía.
¿De qué cosa te gusta presumir?
Esta semana, cada vez que te sientas débil o tengas miedo, di en voz baja: «Señor, tu gracia me basta».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
