Daniel fue un noble joven, entre unos 12 a 15 años, quien fue llevado cautivo junto a sus compatriotas israelitas a Babilonia por el ejército del rey Nabucodonosor. Daniel entró a vivir en cautividad a una gran ciudad llena de grandeza y poderío. Claro, llegó encadenado como un esclavo con muchas humillaciones y grandes pérdidas materiales y sentimentales. Como él, todos aquellos israelitas llegaron a Babilonia con sus familias perdidas, sin propiedades, sin honra y todos los honores perdidos. Perdieron su amada tierra y su gran religión aprendida de lo recibido por Moisés. Su religión llevaba con ellos muchos siglos, muchos cientos de años. Sabían muy bien que la desobediencia a Dios había traído a su país la gran ruina y todas aquellas grandes vergüenzas. Daniel era un gran joven en su nación Israel (Daniel 1:3-6); era un muchacho en quien no había tacha alguna, bien parecido, lleno de sabiduría y ciencia, con mucho entendimiento. Fue seleccionado por orden de Nabucodonosor entre los demás jóvenes israelitas para estar en el palacio real en Babilonia. Fue escogido porque era alguien capaz de saber comportarse en aquel suntuoso palacio, y con el fin de que fuera enseñado y aprendiera la letra y la lengua de los caldeos. Ahora Daniel dejaría ver si era vanidoso o era un joven inflexible y tenaz para con su Dios. Por su conducta se sabría si allí había algo que lo llenara y él fuera capaz de dejar a su Dios por todo el gran brillo de aquella nación que se levantaba con mucho poderío. Estaría sirviendo al lado del rey Nabucodonosor durante unos largos 45 años en medio de grandes glorias humanas. Luego seguiría sirviendo bajo el gobierno de los demás reyes que vendrían y para quienes también trabajaría Daniel; ahora se sabría si lo haría para Dios o para él mismo.
El rey Nabucodonosor ostentaba el poder de dirigir el más grande imperio de su tiempo y aunque vivía lleno de ambición nunca pudo contaminar a Daniel con ninguno de sus ofrecimientos. Le ofreció las mejores comidas, pero Daniel se negó a comerlas por ser comidas inmundas para los israelitas; aquel joven no permitió que nada lo contaminara (Daniel 1:8). Era muy joven, pero muy inflexible a lo que él sabía que era Dios y cómo agradarle en su vida diaria. No quiso de ningún modo contaminarse con la espléndida comida del rey. Daniel se propuso en su corazón que no tendría contaminación con nada de lo vivido ahora en Babilonia. Dios lo estaría probando y formando en todo lo que ahora le tocaría vivir. Había un gran imperio de un rey impío, pero allí había un jovencito que llegaría a viejo sin claudicar. Daniel era como algunos lo comparan diciendo que: ¡tenía 2/3 partes de roble y lo demás de acero!
En la Biblia se lee de los sueños del rey Nabucodonosor. No hubo sabios, ni magos, ni astrólogos que le pudieran revelar al rey el significado de su sueño (Daniel 4:7). Nabucodonosor (Daniel 4:9) le pidió ayuda a Daniel para que le interpretara el sueño, pues reconocía que Daniel era un hombre con revelación de Dios a quien ningún misterio se le escondía. Nabucodonosor le contó el sueño a Daniel y éste le dio la interpretación. Dios le revelaba mediante aquel sueño las cosas terribles que le pasarían al rey en el futuro, por causa de su gran orgullo y ostentación al tener el imperio más grande del momento (Daniel 4:25). Así exactamente le pasó al rey Nabucodonosor. Daniel siguió siendo ese hombre inflexible a su creencia y fidelidad a su Dios. Murió Nabucodonosor y habían pasado más de 45 años de que Daniel y su pueblo estuvieran cautivos y siendo gobernados por aquel magnífico rey. Después de Nabucodonosor reinaron otros cinco reyes sucesores. El último de éstos, el rey Belsasar, quien tenía que buscar al que podría ayudarle en el nuevo gobierno y que fuera de confianza. Quién más, sino aquel mismo Daniel, ahora viejo, pero siempre fiel a sus reyes.
Al rey Belsasar Dios también se le reveló mediante una escritura en la pared de su palacio real y nadie pudo interpretar lo escrito allí por el dedo de Dios (Daniel 5:5-7). Cuando Daniel es llevado al rey, éste le ofrece regalos para que le interprete la escritura en la pared, pero Daniel no quiere sus regalos (Daniel 5: 16,17). Daniel sigue siendo como un fuerte roble en sus más de 80 años de edad, no había quien lo doblara o postrara delante de la vanidad de aquel imperio impío. Esa misma noche fue muerto Belsasar, tal como lo interpretó Daniel. Entonces, Darío de Media tomó el reino (Daniel 5:30,31).
Daniel continuó siendo el hombre fiel a estos nuevos reyes, ahora estaba con Darío y también fue muy apreciado y querido por este rey (Daniel 6:2-3). En este reino se juntaron unos hombres malvados contra Daniel y mediante una trampa lograron llevarlo al foso de los leones por orden del mismo Darío, aunque en contra de la voluntad del rey (Daniel 6:4, 7, 13). Querían acabar con el anciano que había sido durante toda su larga vida un hombre íntegro, firme y constante ante su Dios. Los demás gobernadores del reino de Darío, quienes habían organizado la trampa, sabían de la sabiduría e integridad de Daniel con su Dios y lo quisieron poner a prueba mediante una ley que prohibía orar a Jehová. Daniel abrió las ventanas para que todos lo vieran. Aquellas ventanas daban hacia su Jerusalén. No fue al rey a pedirle clemencia y abrió las ventanas de su cuarto orando tres veces al día. Allí lo estaban velando para acusarlo. Lo lograron acusar y le tocó la sentencia que el rey había firmado; un edicto, que cualquiera que pidiera oración a dioses u hombre que no fuera el rey fuera echado al foso de los leones. Darío no pudo dormir por su preocupación por aquel justo. En la mañana Darío va y le dice: "…el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?" "Oh, rey vive para siempre…", le responde un Daniel sin resentimiento (Daniel 6: 20,22). ¡Qué fe, qué valor, que anciano tan valeroso! Le contesta: "Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente." El rey se alegró, porque en su conciencia no quería tener ese peso de algo tan injusto como ver morir de esa manera a un anciano que caminaba con Dios. Hacerle algo a aquel anciano era como hacerlo al mismo Dios que lo llamó y que lo había convertido en un maravilloso instrumento de Él. Daniel fue fiel a reyes como Nabucodonosor y Darío. Siendo estos reyes unos idólatras, el testimonio de Daniel y su vida con Dios los llevó a ellos a estimarlo y amarlo. Nabucodonosor, por ejemplo, al final de sus días dijo: "Engrandezco y glorifico al rey del cielo porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos y Él puede humillar a los que andan en soberbia." Daniel era inflexible siendo fiel a su Dios y así dejó huellas en las vidas de muchos. ¿Y tú, continuamente sirves a Dios como lo hizo Daniel? Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
A Quien Tú Continuamente Sirves
Daniel 6:15-22
“El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.”
Daniel llegó a Babilonia de muchacho, cautivo, y llegó a viejo sin claudicar. Sirvió a varios reyes idólatras, pero nunca dejó de servir continuamente a su Dios, y Dios lo libró de los leones. Estos son los puntos para la semana.
- Daniel fue llevado cautivo a Babilonia siendo un joven de 12 a 15 años, sin familia, sin tierra y sin honra. En aquel palacio se sabría si viviría para Dios o para sí mismo.
- Nabucodonosor le ofreció las mejores comidas, pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse. Era muy joven y ya era inflexible en lo que sabía que agradaba a Dios.
- Cuando ningún sabio pudo interpretar el sueño del rey, Daniel lo hizo por revelación de Dios. Y todo lo que Dios avisó sobre el orgullo de Nabucodonosor se cumplió exactamente.
- Con más de 80 años, Daniel rechazó los regalos de Belsasar e interpretó la escritura de la pared. Seguía como un roble: nadie lo doblaba ante la vanidad de aquel imperio.
- Bajo Darío le pusieron una trampa con una ley que prohibía orar. Daniel no fue a pedir clemencia: abrió sus ventanas hacia Jerusalén y oró tres veces al día, como siempre.
- Echado al foso, el rey no pudo dormir. Al amanecer Daniel le respondió sin resentimiento que su Dios envió su ángel y cerró la boca de los leones, porque fue hallado inocente.
- Siendo aquellos reyes idólatras, el testimonio de Daniel los llevó a estimarlo, y Nabucodonosor terminó glorificando al Rey del cielo. La fidelidad constante deja huellas en muchos.
Hazte la pregunta del estudio: ¿continuamente sirvo a Dios como Daniel? Escoge una hora fija de oración cada día y no la sueltes aunque cueste.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Daniel Abre sus Ventanas
Daniel 6:15-22
Para leer en voz alta con los niños
“El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el rey sabía que Daniel servía a Dios siempre, todos los días, y le pidió a ese Dios que lo salvara. Daniel, ya viejito, abrió sus ventanas y siguió orando, aunque una ley lo prohibía.
- Daniel llegó a Babilonia siendo un muchacho, como de 12 años, lejos de su casa y de su tierra. Allí tuvo que decidir si seguía a Dios o no.
- El rey le ofreció la comida más rica del palacio, pero Daniel dijo que no, porque no agradaba a Dios. Decidió en su corazón no ensuciarse con nada.
- Pasaron muchos años y muchos reyes. Le ofrecieron regalos, pero Daniel siguió firme, como un roble que el viento no puede doblar.
- Unos hombres malos hicieron una ley para que nadie orara a Dios. Daniel abrió sus ventanas y oró tres veces al día, como siempre lo hacía.
- Lo echaron al foso de los leones. Pero Dios envió su ángel y les cerró la boca a los leones, porque Daniel no había hecho nada malo.
- Aquellos hombres pensaron que nadie veía su trampa, pero Dios lo vio todo y defendió a Daniel. Y el rey, al verlo vivo, se alegró muchísimo.
¿Qué cosa te cuesta hacer por Dios cuando otros te miran?
Esta semana, ora todos los días a la misma hora, como Daniel.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
