La apostasía es apartarse de la verdad divina, es dejar de alcanzar la gracia de Dios. Estos dos versículos parecen presentar cuatro pecados diferentes que envuelven la apostasía y deben ser evitados a toda costa. Todos están relacionados con la apostasía. Primero, la apostasía cuando se deja de alcanzar la gracia de Dios. La persona que cae en la apostasía parece ser un cristiano, habla como un cristiano, profesa ser un cristiano, pero la verdad es que nunca ha nacido de nuevo. Ha llegado muy cerca del Salvador, pero nunca lo ha recibido, ni conocido. Podemos decir: ¡tan cerca y tan lejos! Segundo, también podemos decir que la apostasía es una raíz de amargura contra Dios. La persona apóstata se vuelve amarga contra el Señor y repudia la fe Cristiana que una vez profesó. Su deserción es contagiosa, atrae a otros y los contamina. Estos otros son contaminados por oírle sus quejas, dudas, negaciones y chismes. El apóstata levanta calumnias a Dios y todo el que lo escucha también se llena de amargura y rebeldía. Tercero, la apostasía está estrechamente ligada a la inmoralidad. Un cristiano profesante puede caer en apostasía cuando cae en un grave pecado moral. En lugar de reconocer su culpa le echa la culpa al Señor y se aparta de Dios. Cuarto, la apostasía es una forma de meramente tener religión pero sin experimentar la nueva vida con Dios mediante el Espíritu Santo.
Un ejemplo o caso de apostasía se puede ver en Esaú, el hermano de Jacob (Génesis 25: 32-34). Este hombre nacido con las promesas y favores de Dios no tuvo un verdadero aprecio por su primogenitura. La cambió voluntariamente por la gratificación momentánea de su apetito, prefirió antes un plato de lentejas. Esaú pasó a profanar, a contaminar lo puro y lo llevó a lo impuro. 2 Pedro 2:20 Se cae en apostasía cuando se permite que se pisotee lo santo, cuando a lo impuro se le da acceso a lo santo. Es cuando se pasa el umbral y se contamina a sabiendas. Cuando las puertas son abiertas para que entre lo impuro a donde está lo puro. En este tiempo es cuando se cae en manos de los falsos maestros y se le abren las puertas sin medir las consecuencias. Entendamos que el falso no es una victima sino uno que está contaminado, que abre la puerta de lo santo para introducir lo impuro.
Los apóstatas son aquellas personas que parece que se han convertido y no se han convertido nada, no han nacido de nuevo. Solo han sido reformados pero, ¡no transformados! Son como los que van a los programas para dejar de beber o fumar, etc. Ellos son llevados a reformarse, allí les dicen que lo que tienen es una enfermedad, por tal razón luego no pueden estar donde se practican tales vicios de cigarrillo o alcohol, pues podrían recaer. En el evangelio, son personas que tenían un conocimiento del Señor, pero no tenían la llenura del Señor. Por los principios cristianos que habían oído se habían apartado de una vida de pecado y habían comenzado una limpieza moral. Pero, caen bajo la influencia de los falsos maestros que se burlan de los que quieren vivir una vida santa. Entonces, vuelven a caer en los mismos pecados de los que habían quedado temporalmente librados. Claro está se hunden más bajo que antes, porque ahora que han desaparecido los frenos religiosos no hay nada que los pueda refrenar. De modo, que es cierto que su postrer estado es peor que el primero. ¡Cuidado, hermano con los falsos maestros, pues abundan hoy día!
Cuando en Hebreos 10:38 se habla de los que retroceden para perdición del alma se refiere a los que cruzan el umbral. Hay algo que nos debe preocupar mucho y es el temor a desagradar a Dios. Esto nos lleva a tener ciertos cuidados con nuestras vidas. La vida que le agrada a Dios es la vida de fe: "mas el justo vivirá por fe" No estamos ni cerca de los que se apartan. La vida que agrada a Dios es la que valora las promesas de Dios. ¡Qué estemos entre los que contemplan lo indivisible y que perseveran hasta el fin! La vida que desagrada a Dios es la del que renuncia al Mesías y se vuelve a querer guardar la antigua ley, a los anticuados sacrificios del templo, como si Cristo no hubiera venido y pagado el precio en la cruz. Eso es apostasía. "Y si retrocede no agradará a mi alma…" Esto es claro, Dios no se complace con el que tal hace. Solo el que vive por la fe y no se aparta de ese amor es el que complace el alma de Dios. Agrademos a Dios con nuestra fe y perseverancia aunque sea duro y estrecho el camino.
Gálatas 4:7, 9, 10 Se habla aquí de los cristianos de Galacia. ¿Habían conocido a Dios o más bien era que Dios los había conocido a ellos? ¿Cómo iban a poder justificar su conducta de volver a guardar la Ley de Moisés para salvarse? ¿Apostatarían de la fe primera? Conocían a Dios o si no lo conocían, en un sentido profundamente experimental, al menos habían sido conocidos por Dios para que fueran salvos. Pero se apartaban del poder y de las riquezas de la gracia de Dios, de las que eran herederos, a los débiles y pobres rudimentos de aquellas cosas conectadas con la ley, como eran la circuncisión, los días santos, las reglas dietéticas, etc. Se volvían a esclavizar a cosas que ni podían salvarlos ni enriquecerlos sino que los empobrecían en su fe en Cristo.
Apocalipsis 2:4 nos habla del fuego del primer amor hacia Cristo, del afecto al Salvador que se les había extinguido a los de Efeso. El ardiente entusiasmo de los primeros días había desaparecido en aquellos hermanos. Habían dejado atrás la maravillosa experiencia de cuando el amor fluía cálido, pleno y libre. Seguían haciendo, pero había desaparecido en ellos el amor, el verdadero motivo de todo culto y servicio. Eso es triste pues se puede caer fácilmente en la apostasía, hay que volver a lo primero.
Cuidemos nuestro corazón y guardemos el amor, la fe verdadera y la obediencia como el gran y más grande tesoro que hemos recibido de Dios. Velemos por nuestra salvación en Cristo, guardemos los mandamientos santos y justos, practiquemos el amor intenso que da vida y obra para la gloria de Dios. Mantengamos nuestro paso firme en este Camino sin desviarnos ni a derecha ni a izquierda, poniendo siempre nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12: 1, 2). Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
