Cuando en las vidas impera el desorden solo hay grandes pérdidas. En la sociedad moderna en la que vivimos lo que hay es un desorden. Todo el mundo hace lo que quiere y caminan a sus anchas. Todo se descuida; los hijos pequeños se le dejan al cuidado de cualquier persona. En la Universidad del estado los que quieren mandar son los estudiantes, aunque ese sea el lugar donde se les da el servicio de sus estudios para que sean profesionales. A ellos se les enseña allí, pero no se conforman con eso, también quieren administrar y gobernar la universidad. Los hijos les dicen a los padres como es que se deben hacer las cosas. Lamentable, así está el mundo, cada cual vive como quiere y a sus anchas no importando el precio que tengan que pagar. Todo se mueve a base de lo que cada cual piensa. Sabemos, que lo que se piensa no siempre es lo ideal ni lo que conviene.
Veamos lo que sucedió en Israel en un tiempo donde también imperaba el desorden. Fue después de la conquista de Canaán por Josué, que pasaron muchos años y una de las doce tribus de Israel, la tribu de Dan, todavía no tenía territorio para establecerse como lo habían hecho las demás tribus (Jueces 18:1). La tribu de Dan había estado amenazada por sus vecinos de las tierras y por eso no podía tomar posesión de su heredad. Esa era la razón que daban para no haber tenido ya su territorio, había tal vez muchas otras excusas, pero en verdad: ¡todos habían abandonado a Dios! En las casas de ellos había entrado la idolatría; una de esas casas era la de un tal, Micaía (Jueces 18: 13,14). Para aquel tiempo no había rey (vs. 1). Como no había rey cada cual hacía como bien le parecía. Por esos descuidos y malos pasos la tribu de Dan no pudo poseer lo que les había tocado. Lo que imperaba era el desorden. Es con rey y gobernantes y la gente no quiere hacer las cosas, ¡te puedes imaginar sin rey!
Cinco hombres de los de Dan fueron a revisar la tierra y entraron en la casa de Micaía, allí hablaron con un levita que el mismo Micaía había contratado como su sacerdote personal, acto que era contrario a la ley de Moisés. De la forma en que los cinco hombres le hablaron al levita, parecía que lo conocían, tal vez había pasado por la región de ellos en sus correrías (Jueces 18: 3). No olvidemos que los levitas ya tenían su heredad, ellos oficiaban en los sacrificios que el pueblo le quería llevar a Dios, por tal razón quien le pagaba a los levitas era el mismo Dios. Pero, he aquí un levita oficiando o ministrando en desorden, alquilado por Micaía como sacerdote (Vs. 4). Así vemos que cada cual hacía lo que bien le parecía, hasta los levitas lo hacían. Aquellos hombres preguntaron al levita si Dios estaría con ellos en lo que se proponían hacer (Vs. 5). Pero, era con ídolos como el levita trabajaba (Jueces 18:14). La manera de hacerlo no les importó a los de Dan, lo que querían era saber si les iría bien. Así actúa la mayoría de las personas también hoy día. Lamentablemente, buscar y hacer lo que es correcto y prudente ante el Dios que los bendice, ¡eso no les interesa! Querían que aquel mediocre levita les sirviera de oráculo, de profeta aunque lo hiciera con los ídolos de Micaía. El levita les dio de lo que querían, les hizo creer que tenía un mensaje alentador de Dios para ellos y les aseguró el éxito (Vs. 6). Este es el cuadro de todo aquel desorden, así de errado y descuidado estaba el pueblo que Dios había levantado por medio de Moisés y Josué.
Los de Dan llegaron a la ciudad cananea de Lais (Vs. 7). Lais también era un pueblo mal gobernado, por tal razón, también estaba descuidado. Por sus grandes descuidos los de Lais pronto serían presa de aquellos hombres de Dan. Para ese tiempo cada cual podía ser tan malo como quisiera, no había quien les frenase. Quizás estaban prósperos, pero Dios no estaba con ellos, como también sucede hoy en día. Estaban ociosos, confiados, seguros en su libertinaje. Estaban provocando a Dios con sus pecados, llenos de vicios haciendo lo que querían. No había quien pusiera freno a tanta maldad. Al que dirige una nación se le da la autoridad y mando para frenar el mal. El fin de darle autoridad y freno es para que haya justicia, para que se les infunda temor a los malhechores. Pero, ya leímos que allí no había rey ni tampoco orden.
En la gracia está disponible el arrepentimiento para el pecador, pero los que gobiernan y dirigen, sea en lo secular o en la iglesia, son los únicos que puede frenar las prácticas viciosas y atar las manos criminales para que no haya tanto mal. Cuando se frena la maldad los malhechores son avergonzados. Ya que a la buena no quieren convertirse, pues que sean frenados por la vergüenza. Lamentablemente, el pecado ha callado la voz de la conciencia. Es necesario descubrir el pecado a la luz pública y cubrirlo de vergüenza y desprecio. Así, las personas en su vergüenza pueden entender sobre su ociosidad, ebriedad, fraude, mentira y otros vicios.
El pueblo de Lais estaba descuidado, ocioso, alegre y confiado. Las puertas estaban sin cerrar, los muros sin reparar, todo estaba "manga por hombro." Nadie vio ningún peligro desde ninguna parte. Además, para los cananeos, los israelitas eran tenidos como de poco riesgo, como cuando llegaron al país. Es que los israelitas eran de igual pereza y cobardía. Pero, estas tierras se les habían asignado a los israelitas, así que los de Lais no deberían estar tan confiados. Los de Lais no negociaban con nadie, eran totalmente holgazanes, sin dependencia económica de nadie, eran mofadores de la sumisión a un gobierno, habían hecho un mundo solo para ellos, dejaron de verse como un pueblo simple que necesitaba de otros pueblos. No sentían interés por nadie, así que nadie sentía interés por ellos. Aquel pueblo estaba sobre-confiado cuando tenían a un pueblo detrás de sus espaldas listo para destruirlo.
No había ningún gobierno en los cananeos, tampoco había sacerdotes en la tribu de Dan. Todo y por todos lados había señales de la lejanía de Dios. Todo era un fracaso sin Dios. Cuidemos nuestras vidas de los descuidos y del ocio. Seamos gente agradecida de Dios y sujetas a su gobierno y a su ley. Honremos a nuestros pastores y líderes y seamos obedientes haciendo lo que se debe hacer y cómo se debe hacer. Así el enemigo nunca tendrá ventaja. Dios estará contigo y nada te faltará. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Con Los Descuidados y Ociosos El Enemigo Tendrá Ventaja
Jueces 18:7-10
“vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino.”
Cuando en las vidas impera el desorden, solo hay grandes pérdidas. En tiempos de los jueces no había rey y cada cual hacía lo que bien le parecía: la tribu de Dan no poseyó su heredad, y la ciudad de Lais cayó por estar ociosa y confiada. Estos son los puntos para la semana.
- Hoy también cada cual vive a sus anchas, sin importar el precio: los hijos pequeños se dejan con cualquiera y los hijos les dicen a los padres cómo hacer las cosas.
- La tribu de Dan daba excusas por no tener su territorio, pero la verdad es que habían abandonado a Dios y la idolatría había entrado en sus casas. Por esos descuidos no poseyeron lo que les tocaba.
- Un levita se alquiló como sacerdote personal en la casa de Micaía y ministraba con ídolos. A los de Dan no les importó cómo lo hacía; solo querían oír que les iría bien, como pasa hoy.
- Lais estaba segura, ociosa y confiada, sin nadie que pusiera freno a la maldad. Quizás estaban prósperos, pero Dios no estaba con ellos, y pronto fueron presa de los de Dan.
- A los que gobiernan y dirigen, en lo secular o en la iglesia, se les da autoridad para frenar el mal. Donde el pecado ha callado la conciencia, la vergüenza también frena al malhechor.
- Lais tenía las puertas sin cerrar y los muros sin reparar, todo manga por hombro. No se interesaban por nadie, y nadie por ellos; estaban sobreconfiados con un enemigo detrás de sus espaldas.
Esta semana, escoge un área descuidada de tu vida —tu casa, tu tiempo, tu oración— y ponla en orden antes de que el enemigo tome ventaja.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Muros Rotos en Lais
Jueces 18:7-10
Para leer en voz alta con los niños
“vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella región les perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: cinco espías vieron que la gente de la ciudad de Lais vivía tranquila, sin hacer nada y sin cuidarse de nadie. Las puertas de Lais se quedaban abiertas y los muros rotos, y nadie vigilaba.
- En aquel tiempo no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le daba la gana. Cuando nadie obedece, todo se vuelve un desorden.
- La tribu de Dan no tomó su tierra porque se había olvidado de Dios y tenía ídolos en las casas. Por descuidados, se quedaron sin lo que Dios les había dado.
- Los de Dan le preguntaron a un sacerdote que trabajaba con ídolos si les iría bien. No les importaba si era de Dios; solo querían oír algo bonito.
- La gente de Lais era vaga y confiada. No arreglaban sus muros ni cerraban sus puertas, y no se daban cuenta de que el enemigo los estaba mirando.
- Nadie ponía freno a la maldad en Lais. Por eso Dios nos da papás, maestros y pastores que nos corrigen: para que lo malo no crezca.
- Cuidar tu vida es como cuidar una ciudad: haz tus tareas, obedece y ora. El que se descuida y se pone vago le da ventaja al enemigo.
¿Qué cosa has dejado sin hacer por pereza?
Esta semana, termínala sin que nadie te lo tenga que recordar.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
