Al día de hoy Jesús no ha dejado de hacer milagros. Cuando nos fijamos en eso nuestra fe se activa para recibir milagros en nuestras vidas y para orar pidiendo milagros para los demás. Entendamos que todo milagro es para glorificar a Dios. Ningún hombre puede gloriarse porque al fin y al cabo todos hemos sido leprosos en alguna área de nuestras vidas. Solo Dios recibe la gloria que solamente a Él le es merecida.
Jeremías 18:15 Dice, "…porque mi pueblo me ha olvidado…" Hay que conservar los milagros vivos en nuestra memoria para que no nos olvidemos de Dios. A algunos les es fácil olvidarse de Jehová porque el mundo está lleno de atractivos para provocar la atención, para que se ame todo lo demás más que al Señor. 2 Timoteo 4: 10 "…porque Demas me ha desamparado, amando este mundo…" Así habla el apóstol Pablo del hermano Demas quien se apartó del Señor amando más a este mundo. Todos éramos unos leprosos, amábamos y deseábamos el pecado, pero Dios tuvo misericordia de nosotros. Preguntémonos, ¿Qué es Dios en nuestras vidas? Él es el creador, el sanador, el libertador, el que dio todo por nosotros. Él es quien nos ama, quien nos fortalece y sabe y vive en todo nuestro caminar. Entonces, ¿por qué el pueblo se olvida que Él es quien sostiene y cuida nuestra vida y nuestro hogar? Reconozcamos que nada es por nuestras fuerzas sino que es el Dios poderoso quien sale a favor nuestro. ¿Por qué somos tan fáciles para olvidarnos de todo lo que Dios nos ha dado? Demos gloria a Dios, si tenemos algo es porque Dios ha obrado con su poderosa mano. Pero, al hombre no le gusta vivir la vida justa, la vida limpia. El ser humano camina detrás de la vanidad dándole la gloria a lo que no tiene importancia. Es fácil llenarles los ojos a los demás para impresionarlos. Debemos ser personas sólidas porque nuestras vidas han sido santificadas y nos debemos a un Dios poderoso. Cuidado con lo que hablamos y con lo que pretendemos ante los demás porque nos vamos detrás de lo vano, luego se tropieza volviendo atrás para apartarse. Dios es el que quiere obrar en nosotros. No hay porque estar confundidos, tenemos una vida eterna, esta tierra es pasajera. Dios está dispuesto a hacer grandes milagros, no los cambiemos por la mucha vanidad. Solamente el valiente que conserva su fe es el que conquista.
La lepra en aquel tiempo era una enfermedad del desagrado de Dios, era como un castigo. La ingratitud del hombre es un pecado muy común. Por ley, las personas leprosas no podían estar entre la gente. Diez leprosos estaban cerca cuando Jesús pasaba por allí. Buscaban qué comer cerca de las aldeas porque por su enfermedad no podían trabajar. No tenían familia y nadie los quería, eran los despreciados de todo el mundo. Aquellos hombres estaban limitados de todo. Y Jesús llegó. Llegó para ellos. Jesús llega para todo el mundo. Ellos no podían acercarse a Jesús, los discípulos no se lo iban a permitir. Estaban lejos, pero cuando Jesús va a hacer milagros, Él los hace, desde el tercer cielo mira hacia la tierra, a Él no se le pierde la mirada. De lejos aquellos hombres le rogaron a Jesús que tuviera misericordia.
Para movernos en la vida dependemos de Dios. Para nuestras necesidades espirituales lo mejor es tener la cabeza baja. El orgullo, la vanagloria es como una lepra espiritual. La lepra espiritual no se ve, es peor que aquella lepra física que sí se veía en los diez hombres. El que vive en humildad vive siempre con la cabeza baja sabiendo que la vida es fuerte y que no podemos desperdiciar lo grande de Dios. El humilde pide misericordia. No nos acerquemos a Jesús solo cuando estemos en necesidad, tengamos fe todo el tiempo de nuestro caminar. Aquellos leprosos tuvieron fe, hicieron como Jesús les dijo, que fueran a Jerusalén y se mostraran a los sacerdotes. Creámosle a Jesús porque Él es poderoso para hacer, acerquémonos a Él. Este camino no es ni será como a nosotros se nos antoje. Mientras estemos en la voluntad de Dios Él hará el milagro que necesitemos. Caminemos en la voluntad de Dios y no nos estanquemos porque nuestra fe nos va a recompensar. Según le creamos Él va a hacer. Sin fe no recibiremos nuestra recompensa.
Los diez leprosos fueron sanados, pero uno solo volvió a agradecerle al Señor por su sanidad. El sacerdote era el que declaraba a todo el mundo que el leproso estaba sano. Aquel leproso agradecido no fue al sacerdote sino al que hizo el milagro, ¡a Jesús! ¿Quién nos iba a querer con nuestra condición de pecado? ¡Nadie! Los otros nueve leprosos decidieron ir a los sacerdotes. Cuando sabemos lo que queremos sabemos hacia dónde vamos a caminar primero. Mejor es entender que el poder es de Dios y volver a Él y no al hombre. El poder está en Cristo nuestro Señor. Mientras éramos pecadores nadie nos quería, entonces cuando somos limpios todo el mundo nos quiere. No les demos gloria a los hombres de la tierra. Cuando Dios ve que caminamos en el deber conforme a lo que Él quiere para nosotros, entonces nos sana y nos libra. No ofrezcamos incienso y gloria a lo vano, en donde no se nos quiso. Jeremías 18: 15 "…incensando a lo que es vanidad…". Aquel leproso llegó a Jesús, se postró en tierra dándole gracias, reconociendo y dándole gloria al Dios poderoso.
Todos ellos demostraron que tenían fe porque los diez quedaron sanos. Todos tenían fe para quedar sanos, pero uno solo volvió a dar gracias al Señor y era un samaritano. Los samaritanos no tenían prestigio, no eran amados por los judíos. El que activa su fe aprende a cómo adorar a Dios y a darle gloria, porque Él y nadie más fue quien nos quitó la lepra. Se le da gloria al que transformó nuestras vidas y no a ningún hombre de esta tierra. Aquel hombre se postró en tierra a los pies de Jesús dándole gloria. ¡Qué difícil se nos hace adorar! Pero si entendiéramos lo que Él ha hecho por nosotros lo adoraríamos.
No le demos incienso a la vanidad. Los otros nueve volvieron a lo vano, a trabajar, a casarse, a encontrarse con los sacerdotes quienes nunca los amaron. Aunque la sanidad de los nueve fue confirmada, Jesús le dijo a aquel único leproso que le agradeció, que su fe lo había salvado. Nueve fueron sanados y ¡uno solo fue salvado! Juan 5:14 Uno que es sanado tiene que cuidarse porque puede volver al odio, a la contienda, al pecado de siempre. El leproso quedó sano y salvo y seguramente con un futuro cuidado por el Señor. Quedamos sanos, pero no olvidemos que la esencia de esto es la salvación, porque el cuerpo perece. No amemos lo que quedó atrás. Muchas veces se le da incienso al trabajo, a la familia y a muchas otras cosas pero la adoración y el incienso es a Dios. El que queda sano, salvo y en agradecimiento está en las manos de Dios cada día que vive, será cuidado por Dios en el presente y en el futuro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
No Seré Ingrato Sino Agradecido Al Señor
Lucas 17:12-19
“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias”
Jesús no ha dejado de hacer milagros, y todo milagro es para glorificar a Dios, porque todos hemos sido leprosos en alguna área de la vida. Diez leprosos fueron limpiados, pero uno solo volvió a darle gracias, y solo a ese le dijo Jesús: «tu fe te ha salvado». Estos son los puntos para la semana.
- Hay que conservar vivos en la memoria los milagros, porque el pueblo se olvida de Dios. El mundo está lleno de atractivos para que se ame todo más que al Señor, como Demas, que se apartó amando este mundo.
- Todos éramos leprosos: amábamos el pecado, pero Dios tuvo misericordia. Si tenemos algo es porque Dios obró con su poderosa mano; nada es por nuestras fuerzas, y solo Él merece la gloria.
- El orgullo y la vanagloria son una lepra espiritual que no se ve, peor que la del cuerpo. El humilde vive con la cabeza baja y pide misericordia, como aquellos diez que clamaron desde lejos.
- No nos acerquemos a Jesús solo cuando estemos en necesidad. Los leprosos creyeron e hicieron lo que Él les dijo; mientras caminemos en la voluntad de Dios, según le creamos, Él hará el milagro.
- Los nueve fueron a los sacerdotes; el agradecido volvió al que hizo el milagro. El poder está en Cristo y no en el hombre: no le demos gloria a los hombres ni incienso a la vanidad.
- El que volvió era samaritano, uno sin prestigio, y se postró a los pies de Jesús dándole gloria. Qué difícil se nos hace adorar; pero si entendiéramos lo que Él ha hecho por nosotros, lo adoraríamos.
- Nueve fueron sanados y uno solo fue salvado. El sanado tiene que cuidarse para no volver al odio, la contienda y el pecado de siempre, porque el cuerpo perece y la esencia de todo es la salvación.
Antes de pedirle algo nuevo a Dios esta semana, vuelve a Él como el samaritano y dale gracias por un milagro concreto que ya hizo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Samaritano de Rodillas
Lucas 17:12-19
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: de diez hombres que Jesús sanó, solo uno regresó a darle gracias, arrodillado a sus pies. Tenían lepra, una enfermedad que los obligaba a vivir lejos de todos, y nadie los quería; pero Jesús tuvo misericordia de ellos.
- Los diez leprosos no podían acercarse a la gente. Desde lejos gritaron: «¡Jesús, Maestro, ten misericordia!». Jesús los vio: a Él no se le pierde la mirada.
- Jesús les dijo que fueran a los sacerdotes. Ellos obedecieron y, mientras caminaban, quedaron sanos. Cuando le crees a Dios y haces lo que Él dice, Él obra.
- Pero solo uno regresó. Se tiró al suelo a los pies de Jesús y le dio las gracias en voz alta. Los otros nueve siguieron su camino y se olvidaron de Él.
- Es muy fácil olvidarse de Dios. Si tienes casa, comida y familia, es porque Dios te lo dio. Nada es por tus fuerzas: la gloria es de Él.
- El orgullo es como una lepra que no se ve por fuera. El que se cree mejor que los demás y no da gracias está enfermo por dentro, aunque parezca sano.
- Los diez quedaron sanos, pero solo al que volvió le dijo Jesús: «Tu fe te ha salvado». Dios ve quién vuelve a Él y quién se olvida.
¿Qué cosa buena te dio Dios que se te olvidó agradecer?
Esta semana, cada noche antes de dormir, dale gracias a Dios por una cosa específica de ese día.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
