Mega Zoé
Estudio #0608Iglesia en las casas

La Palabra Me Limpia, Por Ella Creceré, No Seré Turbado y Estaré Firme

La Palabra Me Limpia, Por Ella Creceré, No Seré Turbado y Estaré Firme enseña a perseverar en la oración y caminar con sabiduría espiritual.

Nuevo TestamentoJuan6 min lectura

Las personas hablan mayormente de acuerdo a lo que han vivido y a lo que han escuchado de otros. Es por esa razón, que en algunas ocasiones los cristianos mezclan lo del Señor con la superstición. De momento, hablan y no parecen ser las personas que están bajo la Palabra de Dios. Prefieren hablar de acuerdo a lo que han aprendido en la vida y en el mundo que les ha rodeado. Hermanos, entendamos que ya nosotros estamos limpios por la Palabra que Jesús ha hablado a nuestras vidas. Que la Palabra es la verdad. El que ha creído tiene el gran privilegio de esa Palabra que le ha hecho libre. Ya no somos cautivos de nada ni de nadie, porque por su Palabra hemos llegado a la libertad; la Palabra de Cristo es el agente purificador que obra en nosotros y mientras más la conocemos más purificados somos. La Palabra del Señor acaba con todas nuestras mañoserías y con un sin número de cosas negativas que hay en nosotros como el temor, las inseguridades, etc. Ella es la que nos fortalece y nos mantiene firmes en el Camino. Por eso, el diablo busca que no la leamos durante el día, lo hace para turbarnos y confundirnos. Pero, la Palabra del Señor nos hace estables espiritualmente y termina con nuestra carne. La Palabra es la verdad de Dios para el hombre y es eterna, nunca deja de ser.

Mientras Jesús hablaba a los discípulos su Palabra los iba purificando. Todo el que escucha la Palabra de Cristo experimenta en su vida el efecto purificador que ella produce. Los discípulos tenían que dejar todo lo que habían aprendido y comenzar a establecer el reino de Cristo en sus vidas mediante el conocimiento de la Palabra que oían del Señor. Mucha gente sugiere cómo deben ser las cosas. Hablan de acuerdo a cómo fueron formados y enseñados. Sin embargo, desconocen la verdad, no conocen la Palabra de Dios. Jesús siempre tenía la Palabra que venía del reino de los cielos para establecerla en los discípulos. Estos eran hombres ordinarios, pero retuvieron la Palabra que Jesús les hablaba a sus oídos. Hoy día, nosotros les llevamos una gran ventaja a ellos pues la tenemos escrita. Ellos la retuvieron por el Espíritu Santo y nos la dejaron a nosotros escrita. La palabra entra fácilmente a nosotros, se puede entender, es para todos, porque es clara y precisa. Jesús escogió doce hombres que estuvieron pendientes de Él. Eran hombres simples y comunes, pero Jesús sabía lo que había en sus corazones para hablarles y sembrarles la Palabra. Cuando la Palabra está en nosotros ella nos produce seguridad. Jesús habló toda la Palabra necesaria para nuestras vidas, entonces debemos hacerla nuestra. Mientras seamos conocedores de ella entrará a nuestras vidas, nos fortalecerá, nos hará libres y nos hará permanecer en la fe. La iglesia no es un lugar de espectáculos, sino donde se predica la Palabra para purificarnos. La Palabra destroza la carne purificándonos de todo mal que esté escondido en nosotros.

Juan 8:37 La Palabra no halla cabida en todas las personas. Son pocos los que la quieren recibir. Los fariseos eran descendientes de Abraham, estaban allí gracias a que muchos siglos antes Abraham había creído a Dios. Pero, a diferencia de Abraham ellos no querían ser piadosos, no había en ellos cabida para la Palabra del Señor, como la hubo en los discípulos. Por eso, los fariseos querían matar a Jesús. Cuando la Palabra halla cabida en nosotros crecemos espiritualmente. Es ella la que obra en nuestras vidas, nos purifica. Por la Palabra somos redargüidos y lloramos nuestro mal y nuestro pecado. Lo que no lloramos delante de Dios lo vamos a tener que llorar delante de otros en vergüenza. Por eso, lo mejor es llorar delante de Dios para que nos perdone y nos levante. En Él siempre hay ganancia.

Los fariseos iban torciendo sus vidas al no caminar rectamente. La Palabra confronta, pero cuando ésta no halla cabida en uno, hace que caminemos con dolor el resto de nuestras vidas. Aquella Palabra de Jesús era penetrante. Cuando nos resistimos a la Palabra ésta no entra, por ende no llega la purificación. Eso les sucedió a los fariseos. Pero, cuando ella halla cabida en una vida ya nada será igual. Nunca dejemos esta verdad que nos ha hecho libres, no la dejemos por nada. Ella está sobre las tentaciones, esa Palabra es mayor que todo lo que pueda venir a zarandearnos y mayor que todo lo que existe en esta tierra. Cuando nos resistimos a ella no hay en nosotros ningún efecto de la verdad y lo próximo sería la condenación. ¡Cuánto amor de Dios para nuestras vidas para hacernos libres! Todo lo que hay en nuestro cuerpo, la tentación, nuestros problemas, se doblegan ante el poder de la Palabra. Pero, eso depende de nosotros, de cuanta cabida le demos. ¿Por qué se turba nuestro corazón? Nosotros, los que hemos recibido la Palabra de Dios no debemos ser turbados.

Salmos 50:17 El malo cuando es corregido menosprecia la Palabra del Señor. Cuando Dios nos habla nos toca para que arreglemos nuestras vidas. A veces, hasta nos atrevemos a juzgar la voz de Dios sin tener ningún temor por nuestras vidas. Juan 8:51 El que guarda la Palabra nunca verá muerte. Es necesario que todos los días se abra la Palabra para conocerla y guardarla, para no morir espiritualmente sino ser santos a través de ella. Que no haya ningún pesar en guardarla, eso lo decidimos nosotros.

Colosenses 3:16 Ella debe morar en nosotros abundantemente. Siempre nos exhorta en toda sabiduría porque nos ha enseñado y por ella no hablamos como todo el mundo. Mediante ella Dios guía nuestras vidas todos los días. Estamos saturados con la Palabra cuando ella está en nuestro corazón, en nuestra casa, en nuestra vida, en nuestro mover. Ella es la Palabra que Cristo dejó para su Pueblo. En la palabra hay sustancia. Estamos limpios por la Palabra que Jesús nos habló. Mientras más conocemos la Palabra más crecemos, pero mientras menos la conozcamos más divagamos en nuestros pensamientos y en nuestro corazón. La Palabra es el seguimiento en nuestras vidas de qué hacer y cómo movernos. Según Jesús les iba hablando a los discípulos su Palabra tenía un efecto justificador y purificador.

Juan 17:17 Cuando logramos entrar en la santificación de Cristo es como cuando el oro es pasado por el fuego. El diablo y nuestra carne no quieren que leamos la Palabra. La forma de permanecer en la fe es siendo un conocedor de la Palabra. La posición nuestra es que estamos en Cristo. Debemos permanecer en íntima comunión con Dios en oración, en la lectura de la Palabra y en comunión con la iglesia. Su Palabra es nuestra mejor garantía para permanecer y ganar esta carrera para la vida eterna. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz