Fingir es querer hacer ver que algo es verdadero cuando no lo es. En nosotros no puede existir una fe fingida. Nuestra fe tiene que ser siempre una fe cierta, no falsa. Nuestros hechos dicen si nuestra fe es verdadera o es fingida. Si no tenemos fe no podemos vivir nada bueno ni que sea perdurable. Sin fe tampoco podemos pasar victoriosos ninguna de nuestras circunstancias difíciles. Si no hay fe en nosotros no somos nada, ni le sacamos ningún provecho al poder y al amor del Dios vivo. Nosotros somos de carne y hueso, no somos ninguna estrella, por eso necesitamos vivir en una fe no fingida. En nuestras vidas se nos presentarán muchas cosas en las que necesitaremos de una fe verdadera. El Dios que nos cuida es el que nos sostiene, nos guía en todo; todo esto bueno que es para nosotros dependerá de la calidad de fe que hay en nuestro corazón.
A veces la fe se lacera y pierde esencia porque llega el cansancio. Debemos creer en el Señor para la salvación de nuestras almas que estaban en condenación. Nuestra fe no puede ser fingida, porque si no llegará el momento donde tendremos que llorar mucho. Pablo estaba muy satisfecho con lo que Dios había puesto en sus manos, aunque eso representara pasar por grandes dolores. Dios pone en el hombre que le va a servir lágrimas, dolor, tristeza y quebranto para que muera al ego y a la vanidad. Así mismo, Pablo esperaba de su discípulo Timoteo lo mismo que él sentía. A Pablo le era de alegría saber que Dios también había escogido a Timoteo. Debemos estar contentos de que Dios también nos haya escogido a nosotros. Se nos ha dado todo de gratis, no hemos hecho ningún sacrificio para salvarnos. El trato de Dios con Israel ha sido distinto al de nosotros que vivimos en la gracia. Ellos viven por la ley y nosotros por la gracia. Pablo tenía muy claro lo que era la gracia. Él esperaba que eso que él sentía lo sintiera también Timoteo y así nosotros, una fe no fingida.
A veces cuando hablamos nos presentamos como si fuéramos personas de fe, pero cuando vamos a actuar parece que tenemos fe fingida. Pablo necesitaba tener fe verdadera. Como Dios nos ha dado tantas promesas a nuestras vidas sabemos que por la fe adquirimos, trabajamos y movemos el don que Dios nos ha dado. Si somos personas sin fe estaremos paralizados, porque lo que nos hace mover, ir y hacer es la fe y no el deseo ni la buena voluntad. Pablo estaba muy consciente de su responsabilidad. Cuando Dios nos escoge es para que hagamos algo y no para que seamos adornos. Hagamos con contentamiento lo que Dios nos ha mandado a hacer. Dejemos de fingir la fe y pongamos por obra la fe verdadera.
Como iglesia tenemos que estar ardiendo en el llamado para poner en acción la fe verdadera, la fe activa. Algunos piensan que han sido escogidos para que todo sea perfecto, ser prósperos y tenerlo todo a sus pies. Pero, en verdad hemos sido escogidos para cumplir con el llamado de Dios a servir. Se puede aparentar lo que no es verdadero. Cuando Dios llama, en nosotros no puede haber una fe fingida. ¿Qué Dios puede hacer a través de nosotros? ¿Vamos a vivir solamente para nosotros mismos? Para Pablo el apostolado era un honor. Las cosas se hacen en fe y no para aparentar. Es un honor y responsabilidad lo que Dios nos ha dado; debe ser una alegría. Tengamos contentamiento porque esto es un honor. Ser elegidos por la voluntad de Dios y tener el privilegio de ser llamados es para vivir todos los días en fe. Esto no lo tiene todo el mundo. Somos hijos en la fe y por lo tanto caminamos en fe. Pablo conocía las lágrimas de Timoteo porque eran las mismas lágrimas que él lloraba por los demás. Las lágrimas ablandan el terreno. La fe es el todo nuestro, por eso no puede ser fingida. Pablo quería inspirarnos para que tuviéramos la fe correcta. No podemos hacer nada en nadie si no es con fe porque la fe es la que mueve a Dios para hacer.
Hay una tarea que hacer en nuestros pueblos; hay niños que necesitan ser enseñados. Los ángeles ven lo hermosos que son los pies de los que hacen lo que tienen que hacer, el bien. Nuestra mayor inspiración debe ser el que alguien crea en nosotros. Por eso tenemos que ser una iglesia con integridad y pureza. La fe es duradera, siempre constante; no nos debe faltar nunca. Debemos caminar en fe porque ella es una necesidad para los que nos rodean. Debemos ser una iglesia que siempre esté luchando y batallando. La fe no nos permite caminar en desesperación como el diablo quiere. Cuando nos desesperamos es porque ya no tenemos fe y así no se alcanza nada. Cuando estamos faltos de fe nos sentimos arruinados y dejamos de creerle al poder de Dios. La fe no nos permite hundirnos en las experiencias que vivimos. La fe no fingida es la vida del que ha creído. La fe no es para nuestras ambiciones sino para lo que Dios nos ha llamado. La fe no es lo vano nuestro sino el bien que podemos hacer a otros. La fe fingida no es la que Dios quiere en nosotros. Nosotros hemos recibido la herencia de la fe. ¿Cuán genuina es nuestra fe? ¿Para qué hemos sido creados? El llamado es para tener fe no solamente en un momento sino en las largas persecuciones y cuando haya escases. La fe nuestra es sin fingimiento en todo lo que nos movemos. Timoteo fue separado para eso. Así también, nuestra fe tiene que ser igual para mover la mano de Dios. El Señor nos escogió para una fe verdadera, por lo tanto nosotros hacemos nuestra vida sólida en Dios. No hay lugar en nosotros para el fingimiento. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
