Tengo fe que en nuestra vejez diremos: "Jehová mi fortaleza es recto y en Él no hay injusticia." Si vamos a las Escrituras a estos versículos del Salmos 92 vemos que hay cientos de promesas, pero a veces por estar en el afán del día no estudiamos la Palabra de Dios, la cual nos conviene porque es espiritual.
Si hay bendiciones para mí, ¿porque no obtenerlas? Si para mi vida hay abundancia, ¿por qué no recibirla y participar con gozo de ella? Sucede que no se recibe por la falta de fe. No se le cree a quien hay que creerle, a Dios. Es más fácil creerle al hijo o a alguien que está a nuestro lado que creerle al Señor. Por eso, cuando estamos en medio de la prueba o nos llega la tentación, parece como si el mundo se nos cayera encima. Se piensa que es el fin y decimos: "Esto es demasiado, no vuelvo a la iglesia." Pensamos que se nos acabó la vida y entonces a huir. Nos encontramos cargados y oprimidos en el momento difícil que estamos pasando. Se nos cambia hasta la forma de hablar. Pero hermano, no es nada raro, ni nuevo. Pasamos por dificultades y por problemas porque eso es parte de la vida. 1 Pedro 4: 12 Pero escucha, hay una serie de promesas que Dios nos ha dado para vivir una vida amplia.
Primeramente, debemos entender y tener cuidado con lo que la boca habla. Lo que se confiesa con la boca enlaza y amarra a las personas para bien o para mal. Se dice: "¡Tengo tantos problemas que me voy a volver loco!" Cuida tu boca de esas confesiones tan negativas. En Mateo 12:37 Jesús dice claramente que por nuestras palabras seremos justificados o condenados. Jesús estaba muy claro, pues hablaba lo que el Padre pensaba. Debemos cuidar nuestras palabras y que nos posea y llene el Espíritu Santo para que sea Él en nosotros cuidando y dominando nuestro hablar. No porque te llegue un pensamiento lo tienes que hablar. Jesús dijo: "...de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio." Así que por nuestras palabras estará en balanza el futuro nuestro. Jesús usó sus palabras en la creación, aún nosotros somos hechos por sus palabras. Cada palabra de Jesús era de mucho peso y fuerza. Es el tiempo de hablar las palabras del Señor con mucha fuerza.
Entre las muchas promesas que Dios le da a los justos, está la siguiente: "El justo florecerá como la palmera." Salmos 92: 12 La palmera se ve en el desierto, crece en la arena, no en la tierra fértil. La arena no brinda el alimento que una planta común y corriente necesitaría para mantenerse viva y fuerte. Se secaría y moriría rápidamente. Pero, la palmera es sustentada por Dios en la arena. Bien clara es la Escritura, nosotros como la palmera crecemos también en una arena, la iglesia. Somos palmeras sembradas en arena y nuestra dependencia es totalmente de Dios. El impío, el hombre pecador crece en praderas de tierra fértil, pero nosotros crecemos en la difícil arena. El arte de la palmera es que ella echa raíces profundas, busca agua bien abajo, y así no depende de la tierra. Nosotros somos como palmeras que buscamos el agua de vida de Dios y florecemos para dar fruto. Pues antes del fruto hay que florecer. También, cuando nos viene encima la tormenta nos inclinamos, como hace la palmera para poder permanecer ante los recios vientos. Hemos aprendido a inclinarnos con humildad y a no permanecer rígidos, tercos ni orgullosos ante los vientos huracanados de los problemas. Tomemos en cuenta también que la palmera crece en medio de la escasez, en el desierto y no en fértiles y hermosos jardines. Así, que no es en las buenas o en las malas circunstancias donde están nuestras fuerzas. El ánimo mío me lo da Jehová. Mi fe crece de acuerdo a las profundidades con mi Dios. Una sola vida nos da Dios y es nuestra responsabilidad individual el dar fruto en ella. Dios quiere que dependamos de Él y que nuestras profundidades sean con Él.
Dios vive y trabaja para ti. Vive pendiente de cada gesto tuyo, está pendiente de nuestro mover. Si te has fijado, el tronco de la palmera es grande, ancho y las ramas son hermosas. Dijo un hombre sabio comparando la palmera con el cristiano: "Las raíces penetrantes de la fe, alcanzan las fuentes de agua viva." Eso es así en nosotros. Somos justos y el justo florece y no ve las cosas como las ve el mundo. Bien hizo el salmista en compararnos con las palmeras. Nuestras vidas son para dar fruto. Según los indios se hacen 360 productos o cosas diferentes de la palmera. Nosotros al igual no somos solo para decorar, sino para dar fruto y hacer bien. Así que, lo menos que podemos vivir es bajo el estrés de los problemas. Nuestro mañana Dios lo hará, ya que Él escribió sobre nuestro futuro. Mi fe nadie me la puede robar. En el momento fuerte y difícil nos doblamos, nos humillamos. Para eso tenemos que ser mansos y humildes. Por eso, como las palmeras seguimos dando el fruto.
Hay mucho más para compararnos con la palmera. Ella está en el desierto y por su localización señala y deja conocer donde es que está el agua, que es precisamente donde ella está. Así somos. Somos los que producimos bendición a muchos. Donde estamos hay bendición. Porque Jehová preparó nuestro futuro, para que obtuviéramos lo que está escrito en la Biblia como promesas. Así que si no tengo fe no agrado a Dios. La palmera no mengua ni decae con los años en dar frutos. Se dice que el mejor fruto de la palmera, el dátil, es a los 60 a 100 años de edad. Si nos seguimos comparando vemos que en los años hay madurez. Y es que necesitamos pura sabiduría en la vejez.
Sigue diciendo el Salmos 92: 12 y 13 que en la iglesia somos plantados como un cedro en el Líbano. El cedro es un árbol fuerte, grueso y alto. Su madera es aromática, produce buen olor, echa semillas, tiene gran duración y sus hojas no caen. Para el cedro no hay otoño que le tumbe las hojas. Así Dios habla del justo. Somos como oro. ¡Alabado sea Dios! Plantados estamos en la casa de Jehová, es su casa y nosotros somos sus hijos. Por eso recibimos tantas cosas bonitas, pero es porque estamos plantados en la casa de Jehová, donde está nuestra agua viva. El agua viva está en la casa del Señor. Él se provee casa para plantarnos en ella como los cedros en el Líbano. Nos hace falta la casa de Dios y el Señor de la casa. Somos cedros, hay olor grato y nuestra hoja no cae. Tenemos que congregarnos porque allí es que somos plantados, y donde hay promesas. Hechos 10: 25 Yo me congrego porque estoy plantado en la casa de Jehová. El oír la palabra de Jehová me alimenta. La fe llega cuando oímos esa Palabra. En los atrios florecemos, damos nuestro fruto sea cual sea. Y el justo en la vejez sigue dando fruto. Mientras más años, mejor es el fruto y más codiciables. Ralph Robinson decía: "La plenitud de Cristo se manifiesta en nosotros según el fruto que producimos." Por los frutos se sabe cuánto Cristo está en nosotros.
Seamos constantes en la búsqueda con Dios y seamos obedientes. La Escritura es obediencia en todo. El ser obediente demuestra ser estables y firmes, mientras que el desobediente recibe castigo. Al pasar los años el justo dará el mejor fruto. Cuando estemos viejos diremos: "Jehová es recto, En Dios no hay injusticia." Procuremos tener el buen pago de Jehová. Temamos a Dios no por miedo, sino porque paga bien por lo justo que Él es. AMEN.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Promesas para el Justo
Salmos 92:12-15
“El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano.”
Dios tiene cientos de promesas para el justo, pero muchos no las reciben por falta de fe: no se le cree a quien hay que creerle. El justo florece como la palmera en la arena y crece como el cedro, plantado en la casa de Jehová, y aun en la vejez da fruto. Estos son los puntos para la semana.
- Las pruebas no son nada raro ni nuevo; son parte de la vida. Pero en medio de ellas no se huye diciendo que no se vuelve a la iglesia: Dios dio promesas para vivir una vida amplia, y se reciben creyéndole.
- Cuida lo que la boca habla, porque lo que se confiesa enlaza para bien o para mal. Por nuestras palabras seremos justificados o condenados, y no porque llegue un pensamiento hay que decirlo.
- La palmera crece en la arena del desierto, no en tierra fértil, y echa raíces profundas buscando agua bien abajo. Así nuestra dependencia es totalmente de Dios, y nuestra fe crece según las profundidades con Él.
- En la tormenta la palmera se inclina para permanecer. Hemos aprendido a inclinarnos con humildad, sin quedarnos rígidos, tercos ni orgullosos ante los vientos huracanados de los problemas.
- De la palmera se hacen cientos de productos, y donde ella está hay agua. No somos solo para decorar: somos para dar fruto y hacer bien, y donde estamos hay bendición.
- El cedro es fuerte, aromático, y sus hojas no caen. Somos plantados en la casa de Jehová, donde está el agua viva; por eso nos congregamos: allí oímos la Palabra y llega la fe.
- El mejor dátil lo da la palmera de 60 a 100 años. El justo, obediente y constante, da en la vejez su mejor fruto, y dirá: Jehová es recto, y en Él no hay injusticia.
Cuida tu boca esta semana: cada vez que te salga una confesión negativa sobre tu problema, cámbiala por una promesa de la Palabra.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Raíces Hondas en la Arena
Salmos 92:12-15
Para leer en voz alta con los niños
“El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: la persona que ama a Dios crece bonita y fuerte, como una palmera y como un árbol grande. El estudio dice que la palmera vive en la arena del desierto, donde casi no hay alimento para las plantas, pero mete sus raíces bien hondo hasta encontrar agua.
- A todos nos pasan cosas difíciles: en la escuela, en la casa, con los amigos. No es nada raro. Pero Dios tiene promesas para ti, y hay que creerle.
- Cuida lo que dices, porque las palabras tienen fuerza. En vez de decir «todo me sale mal», di lo que Dios promete.
- Tus raíces hondas son orar, leer la Biblia y buscar a Dios. Así, aunque todo esté seco a tu alrededor, tú tienes el agua de Dios.
- Cuando viene un viento fuerte, la palmera se dobla y no se rompe. Cuando te corrijan, no te pongas terco ni orgulloso: dóblate con humildad.
- El cedro nunca pierde sus hojas. Tú estás plantado en la casa de Dios, la iglesia. Allí escuchas la Palabra y creces.
- El que no obedece recibe castigo. Pero el que obedece a Dios da fruto toda la vida, hasta de viejito, como la palmera que da sus mejores dátiles cuando es vieja.
¿Cuáles son tus raíces con Dios?
Esta semana, lee un versículo de la Biblia cada día antes de dormir y ora un ratito.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
