En Jehová está la fortaleza de los siglos, dice Isaías. Necesitamos la paz que Dios da. Esta paz no viene porque no haya guerra, las guerras seguirán. La paz no es por lo calmado que puedan estar las cosas a nuestro alrededor sino porque la paz viene de Dios. Cuando hablamos de paz no nos referimos a lo externo sino a lo interno. Lo que hay dentro de nosotros es lo que perturba y quita el bienestar. Se juzga por lo de afuera y no por lo de adentro. El problema es conocer solamente a Dios como persona y no como el creador de todo. Por eso muchos están perturbados, luchando únicamente con lo exterior, con lo de afuera de sus vidas.
Cuando nos llega la circunstancia difícil, vivimos inquietos y aturdidos si no hay esa paz en nuestro interior. Cuando no hay paz no podemos ver con claridad lo que se levanta contra nosotros. Nada de lo que está a nuestro alrededor se levantará para paz sino para guerra y mal. 1 Pedro 5: 8 Por eso no le podemos dar nuestra vida al Señor a medias. Se la damos por completo y para que sea Él quien haga en nosotros. Comenzarán las luchas y las batallas porque antes corríamos tras este mundo llevando nuestro cuerpo a una destrucción. Ahora nos viene la tentación y tenemos que enfrentarnos a la guerra con las tinieblas. Hay muchas batallas que enfrentar y experimentarlas, seremos probados. Esas batallas dejan ver quienes somos y lo qué hay en nosotros para que seamos humildes, haya arrepentimiento y Dios trabaje en nuestro interior. Necesitamos la paz para lo que nos toca vivir, para enfrentar lo que está a nuestro alrededor. El predicador Moody decía: "El árbol de la paz echa sus raíces en las hendiduras de la roca eterna." Ese árbol de paz nace en Cristo Jesús. Pueden venir las tormentas, y nuestra paz estará por nuestras raíces en Cristo. No se puede convertir la desesperación en locura porque del Señor Jesús viene la paz. No podemos servir a otros si en nosotros no hay paz porque vamos a estar peleando, haciendo las cosas por cumplir y no por amor. No queremos esa derrota.
Isaías 53:5 El castigo de nuestra paz fue sobre Jesús. Tuvo que llevar castigo en su cuerpo como si fuera un pecador y Él nunca pecó; pero su cuerpo fue castigado. Él llevó el castigo para que en nosotros hubiera paz. Jesús fue golpeado, castigado y no era pecador, los pecadores éramos nosotros. Así fuimos limpios y ahora tenemos paz por Él. Sobre su cuerpo llevó toda maldición. Gálatas 3: 13 Las personas que no tienen paz viven la vida con mucha dificultad. Cuando en ellos no hay paz, hasta por una sonrisa o un simple comentario se cree que es por ellos. Cuando no hay paz hay tormento, no se pude comer ni vivir tranquilos y se convierten nuestras vidas inseguras y perturbadas. Tiene que venir a ellos Jesús, a pagar el precio de esa paz tan necesaria. No juguemos el papel de aquel que no tiene paz y hace daño. La paz no depende de nosotros sino de Cristo.
Jesús sufrió cinco tipos de heridas conocidas por los médicos y la ciencia: contusiones, golpes de vara cuando se le ponía la corona de espinas y le daban por la cabeza y al cuerpo. Le golpeaban porque había ira en los que lo hacían. También sufrió laceraciones de los azotes. Él estuvo marcado, fue castigado. Sufrió heridas penetrantes, le enterraron una corona de espinas en la cabeza. Sus manos y sus pies fueron perforados. Sufrió heridas de incisiones porque también la lanza perforó su costado. Jesús llevó toda maldición sobre su cuerpo para que en nosotros hubiera paz. Para que pudiéramos oír sin tener que perturbarnos. El único acusador para nosotros es el diablo que viene a robar y quitar la paz, pero Jesús pagó por esa paz un gran precio.
Aprendamos a producir paz en los demás. Cristo tomó todo el castigo de los que han creído en Él. Esa paz está activa para el que cree. Su castigo es para que tengamos paz en Él. El teólogo Mateo Henry dice: "Él nos viene a buscar en los montes del dolor y nos lleva a salvo al hogar de Dios." Mientras estamos en los montes del dolor más necesitamos su paz. Pero, tenemos un hogar aquí, una casa, estamos al lado de Dios. Él es el que nos produce paz. En el día difícil alguna gente se aleja del Señor, pero de la única forma que nosotros podemos estar en paz es que nuestro pensamiento persevere en Él. La paz es una promesa para todo aquel que en Él persevera. A veces se dice que se persevera en Él porque se depende de ver los predicadores en la televisión, que se busca a Dios en la casa, etc. Pero, perseverar es persistir en los propósitos, en la misma manera de obrar que el Señor. El que persiste y está en lo que Dios lo ha puesto y en las condiciones que Dios ha puesto es el que dura todo el tiempo. Dios nos mantiene en paz mientras hagamos lo que Él ha puesto en nuestras manos. Tenemos que ser siempre los mismos, iguales a cuando creímos en el Señor.
Al pasar los años en algunos comienza la paz a desfallecer y les cambian las cosas. Dejan de obrar y entonces no tienen paz. Lo que es nuestra forma de obrar, creer y vivir debe crecer más en lo que Dios nos ha puesto. Si dejamos de creer vamos a perder la paz. No nos confundamos con lo que dice el hombre, porque cada cual habla lo suyo para venir a turbarnos. Perseveremos porque nuestra confianza está en Él todos los días de nuestra vida. El que murió y llevó marcas sobre su cuerpo fue Jesús para que nosotros sigamos confiando en Él. Aunque vengan las malas circunstancias hay que buscar el único refugio, en Dios que está la fortaleza.
I Corintios 10:3 Nosotros también bebemos de Cristo que es la roca. Tengamos paz, no dejemos de creer en la palabra, no seamos desobedientes, confiemos en Jehová perpetuamente. A veces al pasar los años las personas en vez de aumentar su fuego, su pasión van bajando hasta que se pierden. A veces se les pone el corazón duro, por la traición. Mientras más van pasando los años, más duros se van poniendo respecto a su amor por Dios. Tenemos que provocar en nosotros ser como Pablo quien aun cuando lo iban a matar fue un hombre manso y tenía paz. A veces creemos que lo que estamos viviendo es lo más grande y esto nos saca y nos aleja de Dios. Los siglos son testigos de la paz de Dios para que seamos fortalecidos en paz y nos mantengamos firmes en lo que hemos creído. Cuidado, cuando llega la desobediencia no hay paz sino perturbación, locura y luego al pasar los años se explota y en la vejez el corazón se pone duro. Perseveremos en Dios porque no sabemos lo que nos toca vivir en el futuro que es incierto, que no lo podemos tocar ni ver. Al final a Pablo le tocó cárcel y muerte. En todo nuestro caminar tenemos que fortalecernos en paz porque no sabemos lo que nos tocará vivir. Aprendamos a cosechar esa paz ahora, para que en el día de la necesidad nuestra paz florezca y seamos como Pablo que levantó su cabeza y siguió hacia delante sin temor a lo que le tocaba vivir. A Dios sea la gloria por su paz. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
