Nuestras vidas son unas canastas que están o llenas de fruto o están escasas. Al pasar los años nos
descuidamos de lo que nuestras canastas deben tener, porque pensamos que nos estamos poniendo viejos y
dejamos de llenarlas. Siempre tenemos que vivir llenos de mucho fruto. Eso es lo que Dios quiere con nosotros.
1 Reyes 12:7- 1 1 Cuando no damos de nosotros lo que debiéramos dar, entonces le exigimos a los demás.
Pero cuando estamos dentro de la voluntad de Dios haciendo lo que hay que hacer, no nos fijamos en los demás
porque estamos muy ocupados. Si nos hacemos siervos tenemos buenas palabras en nuestra boca. Es cuando en
nosotros hay buen fruto que tenemos buenas palabras para dar a otros. ¿Cuál es nuestra función en la vida? Debe
ser el servicio. Es lo más que nos puede llenar, cuando servimos. Si servimos y tenemos buenas palabras en
nuestra boca vamos a dar bien a los demás, conquistaremos y aun en nuestra vejez seguiremos trabajando.
A veces, como no tenemos buenas palabras en nuestra boca, nos mantenemos callados. Es mejor no hablar
cuando no tenemos buenas palabras. El tenerlas seria maravilloso porque conquistaríamos mucho. Por ejemplo,
cuando en alguno hay ira, mejor es que no hable. Es entender que tenemos que servir y tener buenas palabras en
nuestra boca para conquistar y ser buenos siervos para el Señor. Cuando uno habla para desquitarse no se tiene la
buena palabra. Nuestra función es hacer el bien y no sacar provecho de nuestras éircunstancias. Somos canastas
para tener buen fruto y servir, nuestro vivir debe ser el servicio y cuando hablamos estamos sirviendo y
haciendo bien al que nos escucha. Nuestra vida está plantada en la casa de Jehová y es ahí donde florecemos.
Salomón tenía mucha sabiduría, pero al pasar los años ésta no le sirvió para nada. Cuando nos metemos en
Dios florecemos. Digamos como Pablo: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí". ¿Qué es la vida si Cristo no
vive en nosotros? Nuestra vida aquí es pasajera, pero tenemos una vida que es eterna y tenemos que vivirla en lo
que es útil. A veces se vive en lo que es inútil y en entrega a lo que perece. Roboam, llegó a ser rey de Israel,
pero comió del fruto de su padre, de la vanidad. Vivió en todo lo que es pasajero, por eso en su vejez no había en
él lo que Dios quería. Gastémonos en lo que no perece. Nuestras vidas tienen peso, no es vivir por vivir. La
plenitud se manifiesta por el fruto que se produce. Si tu vida es de frutos entenderás que en la mañana y en la
noche hay lucha. Debemos vivir una vida de frutos y para eso tenemos que ponemos en guardia. Si en nosotros
hay esa plenitud, descansaremos en Dios y dejaremos ver lo que hay de Cristo en nosotros. No podemos dar lo
que no tenemos. Luchemos por la salvación, de la única forma que estamos plenos es si Cristo mora en nosotros.
A veces se sustituye lo que es la palabra de Cristo por los consejos humanos. ¿Qué hay de Cristo en
nosotros? Entendamos lo que es esta plenitud, entendamos para qué hemos sido creados. Si hemos decidido que
somos alguien importante para nuestro Señor Jesús, entonces nos santificaremos día tras día.
Roboam no podía entender que tenía que dar palabras buenas al pueblo porque en él no había amor. Si
estamos lejos del amor no podemos producir fruto. Si desarrollamos una búsqueda constante todos los días de
Dios, Él nos respaldará y llegaremos fructíferos a la vejez viviendo en obediencia y mansos. Mientras más
obedientes y discípulos somos para Dios, en la vejez estaremos vigorosos y verdes con mucho fruto, con
mucho bien, pero hay que comenzarlo desde el principio. Si a nosotros nos llegara la tibieza lentamente, poco
a poco, ya no seriamos árboles que dan frutos, sino que nos secamos. Si para el Señor somos como árboles,
demostremos el fruto que damos. Según se va entrando en edad, se sabe que las cosas van decayendo, pero en lo
que se refiere al fruto del creyente no, es absurdo que el deseo de llevar fruto decline. Si algo no debe declinar en
nosotros según pasan los años es el fruto que debemos llevar. Spurgeon decía: "Algunos son como caballos
fogosos inquietos al principio de la jornada, pero luego se ponen'cansados mucho antes del llegar al final de la
misma." Cuando sabemos que somos un servidor de Cristo vivimos inquietos toda nuestra jornada, no cansados.
Este es un largo camino. Si queremos que el Señor nos felicite constantemente no le demos a Dios una obediencia
temporal sino constante. Tenemos que ser obedientes constantemente, ese es el fruto. Judas comenzó bien, pero
lo destruyó todo al final. Su falta de obediencia y maldad lo llevó a traicionar al Maestro.
Ezequiel 47: 12 Este río que veía el profeta salía del santuario de Dios e iba regando a su paso los árboles
que estaban en su ribera a uno y a otro lado y nunca se le caían sus hojas y siempre daban su fruto. Cuando no
conocíamos a Dios vivíamos completamente secos, pero cuando Cristo llegó a nuestras vidas comenzamos a dar
fruto, todas las cosas viejas pasaron y he aquí todas fueron hechas nuevas. Según seamos de obedientes el Señor
irá haciendo más cosas nuevas. Cuando uno está seco, está muerto. Este río sale del templo de Dios y trae
consigo vida, salud y fruto. Nuestras vidas tienen que tener fruto, pues hay un río de bendición que corre sobre
nuestras vidas. Es para que haya en nuestras canastas mucho fruto, mucho bien. ¡Que desafió es para nosotros
poder reunir las condiciones requeridas que van a producir bendición! Esta vida es un desafio constante día tras
día. Tenemos el desafío de los requisitos de Dios, apartarnos del mal para ver a Dios. Aquí hay que luchar,
morir a nosotros mismos, obedecer. Para llegar a la vejez con grandes frutos hay que luchar, morir al yo y
obedecer. Dios ha hecho mucho bien en nuestras vidas. La bendición está en nosotros. Lo que está recibiendo
de este río a su tiempo madurará. Estamos madurando cada día. Dios es quien nos hace madurar y nadie más.
Gálatas 5: 22, 23 En nuestras vidas hay muchos frutos. Efesios 5: 9 Bondad, justicia y verdad son parte de
los frutos que están en nuestras canastas. Filipenses 1: 1 1 El fruto que mora en nosotros es porque hemos creído
en el Señor Jesucristo para ver la grandeza de Dios. Vienen de Dios. De nosotros no vienen esos frutos, sino del
Padre porque hemos creído en nuestro Señor Jesucristo. Además, el Espíritu Santo está constantemente detrás de
nosotros haciendo su obra. Jesús pagó un precio; por eso el grande es Dios. En el hombre no hay justicia,
verdad, bondad ni amor; sino que todo viene de Dios.
Juan 15: 2, 5 El pámpano que lleva fruto Él lo limpia para que lleve más fruto y separados del Señor nada
podemos hacer, moriríamos. Él es la vid, nosotros somos los pámpanos. Si hemos decidido amarlo Él hará, y en
lo que falta que nos perfeccionemos, Él también lo hará. Hermano, si de algo nos debemos preocupar es de llevar
fruto. El no hacerlo significaría no ser discípulo y no tener bendición. Entonces, llevemos fruto abundante.
f{Mén ·
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
