Mega Zoé
Estudio #1566Iglesia en las casas

Sembrado en buena tierra

Servir con humildad y perseverar en la oración sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoMateoMiercoles, 14 de enero de 20269 min lectura

"Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto." Se puede venir a la iglesia por razones que no son la palabra -una amistad, el deseo de sentirse bien, un escrúpulo de conciencia- y eso se descubre el día de la prueba. Este estudio define qué es la buena tierra: un corazón dispuesto, no perfecto pero abierto, enseñable, que oye, entiende, retiene y persevera. Y define el fruto, que no se da dentro del templo sino al salir por la puerta: cambios de carácter, relaciones sanadas, servicio, constancia. El recorrido pasa por Lucas 8:15, Juan 15:5-8, Colosenses 1:10 y Salmo 1:2-3.

I. Por qué se viene a la iglesia

A. Se puede venir por una simple amistad, por un deseo de sentirse bien, por cuestiones de conciencia. Y eso se descubre el día de la prueba: cuando debíamos orar estamos en aprietos, y cuando debíamos tener paz estamos en contienda.

B. Se escoge qué culto gusta y cuál no; el de miércoles se mide como "algo más humano".

C. Lo que creemos que vamos a poseer, lo dejaremos. Solamente el justo conquista, adquiere y crece en sabiduría, y su boca se llena de un vocabulario que viene del cielo.

D. Hay que soltar la ignorancia y crecer en madurez: ser fieras para el Evangelio en vez de jugar al tonto.

II. Crecer o enfermarse

A. De lo físico se encarga Dios: el niño se forma, nace, crece. Lo espiritual nos corresponde a nosotros.

B. Según pasan los años, o hay crecimiento espiritual o hay decaída. Cuando alguien se enferma espiritualmente, la dosis de carnalidad es tan fuerte que se vuelve tibio; y al tibio Jehová lo desecha.

C. El día del bautismo es el día de la gran fiesta: el entierro de la carne para levantarse redimido. Ahí comienza una vida sana y de sabiduría.

D. Quien lucha tanto con la carne es escaso de sabiduría; por eso sus dichos son comunes y ordinarios, y un porcentaje de las conversaciones no produce nada efectivo.

E. "Es que yo soy así, callada." Estar mudo no es virtud si es porque no se tiene la voz de Dios ni al Espíritu Santo manifestándose en la propia voz.

III. Dónde se siembra

A. Hay tierra que no es buena para la cosecha: no produce nutrientes para lo que se siembra. Por eso hay que ver dónde se siembra.

B. Sembrar en el trabajo da pensión, no cosecha eterna. Esa es la ley común de la tierra; la ley de siembra y cosecha de la que habla la Escritura es para la eternidad.

C. Lo que hacemos es para beneficio de uno mismo: si fue malo, malo tocó; si es bueno, bueno es.

D. David ganaba sus batallas porque tenía guerreros, no cobardes; y aunque no le tocó construir el templo, dejó preparado todo el capital y el patrón antes de partir.

E. De acuerdo a cómo vives tu vida, tendrás tu recompensa. Por eso la siembra es para disfrutar la eternidad, no esta tierra.

IV. La buena tierra: un corazón dispuesto

A. No perfecto -a la perfección no se llega tan pronto-, pero abierto completamente a Dios.

B. Puede ser recto, puede ser callado; pero el peligro es adentro. Lo que uno no arranca, lo pudre a uno, porque también eso es siembra.

C. Humilde y enseñable, con disposición para aprender cosas nuevas. Porque entre tanta habilidad de hablar hay mucha mentira, y entre la mentira abunda la exageración.

D. Sincero, pero la sinceridad no es crueldad: decir algo hiriente y escudarse en "es que yo soy sincera" es maldad.

E. No se cierra, no se endurece, no vive a la defensiva con lo espiritual. Cuando cada palabra hay que defenderla, ninguna conversación es negociable.

V. Que oye y entiende

A. Oír es escuchar el mensaje de Dios -en la lectura, en la predicación- y decir "eso es verdad".

B. La naturaleza más fuerte del ser humano es que, cuando no quiere oír, se encierra en sí mismo; y el daño se lo hace eso que no recibe.

C. Entender no es solo captar con la mente: es comprender con fe y decir "esto es para mí, yo lo voy a obedecer".

D. La iglesia no es "el agárrame de bobo": es donde mora el Espíritu Santo, donde Dios hace milagros y libera al que llega atado. Hay que quitar la vista de lo que conviene y ponerla en lo que es justo para la iglesia.

VI. El fruto y cómo se nota

A. El fruto es la evidencia de que la palabra entró y echó raíces. Y no se da dentro del templo: se da al salir por la puerta.

B. Cambios de carácter: más paciencia, dominio propio, humildad. El hombro alzado no es humildad, es actitud de guerra; y ser humilde es lo más difícil, porque el ser humano vive altanero aun en la vejez.

C. Relaciones sanadas: si no soportas a alguien, si te revuelve verlo, la herida está en ti, y el enfermo eres tú. Y el que se enferma tiene la obligación de sanarse.

D. Servicio de amor, y constancia para seguir a Cristo aunque haya presión y problemas; no apartarse porque "aquel hermano fue así".

E. Impactar a otro con el testimonio: manso, humilde, no bocón.

F. No es fruto de emoción sino de vida transformada. "Me fui a la carne" significa que no se le ha permitido al Espíritu Santo transformar; y la tarea es transformarse uno, no inquietarse por los demás.

VII. "A ciento, a sesenta, a treinta por uno"

A. Dios espera fruto, aunque sea en diferentes medidas. No todos producen igual, y eso es normal: ni los gemelos producen igual. Lo clave es que sí produzca.

B. Dios no llama a compararse: llama a ser fiel. No le pidas a otro lo que no le toca, ni te eches encima cargas que no te corresponden.

C. Sé fiel con la tierra que Él está trabajando en ti; porque Dios está trabajando, y ¿en quién va a trabajar sino en nosotros?

VIII. Retener la palabra (Lucas 8:15)

A. "Con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto con perseverancia."

B. Corazón bueno: examina el tuyo, que solo tú sabes cómo está -si hay odio, contienda, coraje, si le encuentras falta a todo el mundo.

C. Corazón recto: sincero y sin doblez, porque delante de la gente somos uno y al dar la espalda somos otro.

D. Retener es no soltarla: guardarla, meditarla y ponerla en práctica.

E. Con perseverancia: el fruto verdadero no es de un día, se produce aguantando las pruebas. Y hay pruebas que uno mismo se busca por la carne.

F. El verdadero discípulo no solo oye la palabra: la guarda, y con el tiempo produce fruto constante, no fruto de un día bueno.

IX. Permanecer en la vid (Juan 15:5-8)

A. Jesús es la vid, la fuente de la vida; nosotros somos las ramas. El fruto no sale por fuerza humana, sale por conexión con Cristo.

B. "Separados de mí nada podéis hacer." Uno se separa cuando se ofende, cuando vive como víctima. Podemos hacer actividades; pero el carácter, la santidad y el impacto eterno vienen solo de Dios.

C. La rama que se desconecta pierde vida y se seca. Una fe de apariencia termina en sequedad; Jesús llama a una relación real, no a una religión.

D. El fruto se puede compartir; lo que se demanda y se reclama es solo para uno. Por eso hay egoísmo en la casa, en el trabajo y en la iglesia.

E. "Si mis palabras permanecen en vosotros": la palabra se queda viviendo dentro, guiando decisiones, corrigiendo, formando deseos. Cuando eso pasa, la oración se alinea con Dios y hay respuestas poderosas.

F. "En esto es glorificado mi Padre": el propósito del fruto es que Dios sea honrado, no que uno se luzca. Y el fruto confirma al discípulo.

X. Andar como es digno (Colosenses 1:10)

A. Andar como es digno del Señor es vivir de manera que el caminar diario combine con lo que se dice y se cree; no se puede ser uno y Cristo otro.

B. Agradarle en todo, no solo en lo religioso sino en lo cotidiano: no se puede ser grosero en el trabajo y alegre en el templo. No somos un papel espiritual y un papel carnal.

C. Llevar fruto en toda buena obra: servicio, generosidad, obediencia, misericordia, integridad; no una obra aislada, sino en toda área de la vida.

D. Cuidar que el Espíritu Santo no se entristezca y se vaya, porque ese sería el dolor más grande.

E. Crecer en el conocimiento de Dios: no solo información, sino relación y experiencia. La vida cristiana sana es un ciclo: caminar para agradarle, dar fruto, conocerle más, seguir creciendo.

XI. El árbol junto a corrientes de aguas (Salmo 1:2-3)

A. "En la ley de Jehová está su delicia": no solo cumplirla, sino amarla, oírla, leerla, obedecerla.

B. "Y en su ley medita de día y de noche": se vuelve alimento constante; se piensa, se mastica, se aplica. No es lectura rápida, es vida interior.

C. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas: su estabilidad no depende de emociones ni de circunstancias, sino de estar cerca de la fuente.

D. "Da su fruto en su tiempo": el fruto llega en proceso. Dios trabaja en temporadas, y la temporada que no se cumple lleva a la propia ruina.

E. "Su hoja no cae": aun en tiempos difíciles no se seca del todo, mantiene vida y esperanza.

F. "Todo lo que hace prosperará": no promete riqueza sin límite, sino buen resultado y dirección a lo que está bajo su voluntad. Y prosperar se aprende: empieza por el orden y la responsabilidad en lo cotidiano, hasta en cuidar el propio cuerpo.

XII. Aplicación

A. Examina por qué vienes. La razón por la que uno se congrega se descubre el día de la prueba.

B. Pregúntate qué fruto diste hoy, y recuerda que el fruto se mide afuera, no dentro del templo.

C. Arranca lo que llevas dentro: lo que no se arranca, pudre a quien lo guarda.

D. Deja de compararte. Da el ciento, el sesenta o el treinta que te toca, y sé fiel en eso.

E. No vivas a la defensiva. Donde cada palabra hay que defenderla, no crece nada.

F. Pon orden en lo cotidiano, incluido el cuidado de tu cuerpo: el prosperar no cae del cielo, se aprende.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz