Debemos conocer los tiempos. Estamos solamente de paso en esta tierra, y la iglesia de Cristo no la componen narradores ni comentaristas, sino hombres y mujeres que doblegan el lomo y hacen la voluntad de Dios. De las siete iglesias que el Señor visita en Apocalipsis, Laodicea es la que no era ni fría ni caliente; y quien le habla no es Juan, sino Jesús mismo, el Amén, el testigo fiel y verdadero. Laodicea presenta una viva imagen de lo que vivimos hoy: vida cómoda por todas partes. El problema de ser tibio es que no compone nada en la historia de la vida.
I. He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto (Apocalipsis 3:14).
A. Quien habla a Laodicea es Jesús.
1. Laodicea significa el gobierno del pueblo, o el juicio de parte del pueblo; ese era el sentido de aquella iglesia.
2. Tengamos cuidado: esta área de Apocalipsis no la escribió Juan por su cuenta. Cuando está en letra roja, se señala muy claro que esas palabras fueron dichas por Jesús, que le llevaba el paso a todas esas iglesias.
3. Él es el Amén, el verdadero, el cierto: el que no miró lo que somos, sino que sencillamente dijo: voy a dar mi vida por ellos.
4. Es la encarnación: la promesa del Hijo de Dios personificada y materializada. Dios se la prometió a Israel en el Antiguo Testamento, y el Antiguo Testamento habla de nuestro Señor Jesús; después se repartió a los gentiles.
5. Él es el principio, y comenzó toda la creación. La teología se levantó para porfiar, discutir y reclamar el saber; amar las Escrituras es aceptarlas tal cual ellas son.
B. Toda oración se hace en su nombre.
1. Si no dices en el nombre de Jesús, esa oración la estás pidiendo tú en tu nombre, y en tu nombre no se te va a dar nada. Es doctrinal.
2. Porque entonces Dios ya no te ve a ti como persona, sino que ve a Jesús; y todo lo que Jesús le pide al Padre es contestado.
3. Si tú oras en el nombre de Jesús, de inmediato se convierte en acción el Espíritu Santo; porque el que lo hace todo es el Espíritu Santo, por medio de la muerte y de la sangre de Cristo.
4. No nos metamos con ninguna iglesia ni averigüemos nada de ninguna otra, porque uno llega a términos de juzgar, medir, sugerir y comentar, y eso ya son aguas profundas.
II. Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente (Apocalipsis 3:15-16).
A. Por no ser ni frío ni caliente, es abominablemente detestable.
1. El problema de ser tibio es que no vamos a componer nada en la historia de la vida. Un tibio lucha absolutamente para sí: viene a los cultos, los coros son bonitos, se sentó a escuchar y no pudo recapacitar.
2. Por eso hay acciones que debía haber tomado y no ha tomado, y caminos que debería estar caminando y no ha caminado. Es fácil convertirse en tibio; no es complicado.
3. Dios va a dar una llama de fuego, y la iglesia necesita fuego. Si hay fuego es porque hay aceite, y si hay aceite es que está el Espíritu Santo; y el fuego no debe apagarse.
4. Tan fácil se negocia con el mundo que se le apaga el fuego como si nada.
5. El café frío se suelta, porque lo caliente conserva lo genuino; y una comida tibia tampoco sabe igual. Todo lo que es tibio siempre va a producir el cambio del genuino sabor.
6. El Señor hubiera preferido que fueran extremados: en su indiferencia o en su celo. Si hay algo que debemos ser en el Señor es extremadamente apasionados, en un amor, en un fuego.
B. Una tibieza que engañaba.
1. Laodicea era lo suficientemente tibia como para engañar a la gente y hacerle pensar que era una iglesia de Dios; y era tan repugnantemente tibia en las cosas divinas que causaba asco al Altísimo.
2. Hoy se ven movimientos donde las aberraciones son aceptadas, y aun con todo lo que se publica y con los testimonios de las personas, la gente se sigue congregando allí.
3. ¿Y por qué el ser humano queda cautivo? Porque no hay predicadores que se levanten y digan: no, eso no.
4. Esta iglesia estaba caracterizada por orgullo, ignorancia, autosuficiencia y complacencia. Así es como se cae.
5. Cuando el hombre y la mujer son seres espirituales, no los mueve nadie; y si hay confusión, el Espíritu Santo que está en uno le abre los ojos.
III. Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, vestiduras blancas, y unjas tus ojos con colirio (Apocalipsis 3:18).
A. Oro refinado en fuego: la fe sometida a prueba.
1. Nosotros no debemos estar esquivando las pruebas: hagamos frente a la prueba, porque te haces un guerrero y porque estás pasando por fuego.
2. No le huyas al fuego. Ay, que yo no puedo con esto; ay, que es demasiado; ay, que estoy deprimido; lo que quiero es dormir y no despertarme. No: su fe está siendo examinada.
3. En las pruebas tú vas a dar la realidad que hay en tu vida. Si te sometes, verás que cuando pases esa prueba resulta en alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo.
4. Podemos caminar movidos por fe, y la fe es la certeza de lo que no se ve.
B. Vestidura blanca: la justicia práctica.
1. Cuando tú te conviertes eres una persona de justicia, y esa justicia tiene que ser práctica.
2. Lo que es un no es un no, y lo que es un sí es un sí; lo que hay que batallar, hay que batallarlo; lo que hay que vivir, hay que vivirlo, en la vida diaria.
C. Colirio: una verdadera visión espiritual.
1. El colirio es una gota para cuando los ojos están enfermos. Echarse gotas en los ojos es conseguir una verdadera visión espiritual por medio del alumbramiento del Espíritu Santo.
2. Si tú te llenas del Espíritu Santo, tu vida va a ser un éxito: es llenarse de cabeza a pies para ser compañero de guerra, sin miedo y sin temor, para enseñar y para que otros aprendan.
3. Cuando uno se prepara completamente con el Espíritu Santo, los poros manan y la vida mana.
4. Este consejo era especialmente apropiado por cuanto Laodicea era conocida como centro bancario, por su industria textil y por sus productos medicinales, especialmente el colirio.
D. Yo reprendo y castigo a todos los que amo (Apocalipsis 3:19).
1. Un padre que no disciplina ni reprende es un padre que está dejando que su hijo se malgaste. El que ama, reprende.
2. Si a Dios no le hubiera interesado Laodicea, la dejaba así; pero la estaba reprendiendo. Si no le preocupara, no actuaría así.
3. Con una ternura paciente llama a esta iglesia nominal a ser celosa y a que se arrepienta. Dios quiere que seamos celosos con lo suyo y que no se contamine con nadie.
4. Y que seamos capaces de tener un arrepentimiento todos los días, porque al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.
IV. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo (Apocalipsis 3:20-22).
A. Llama con cortesía, para tener comunión.
1. ¿Sabes cuántas veces te ha llamado el Señor con cortesía y te ha invitado? ¿Le has respondido? El día se va a poner peor, está a la vuelta de la esquina y viene con cadenas.
2. Acuérdate de que a Sansón, mientras lo amarraban, él estaba fuerte y vencía; y llegó un momento en que ya no se pudo soltar.
3. Lo que Dios quiere es que tengas comunión con Él. No es estar veinticuatro horas arrodillado: es que en todo lo que se hace tú sabes que Él está presente, porque Él vive.
4. Jesús nunca tiene preferencia. Cuando se llegue al cielo se dará de acuerdo con lo que tú hayas hecho, pero no por preferencia: se recompensa, porque Dios siempre paga lo que uno hace.
B. Cada uno es dueño en la casa de su propio corazón.
1. Él ha de abrir sus puertas. Tiene la solemne prerrogativa, ese privilegio, de escoger o de rehusar abrir.
2. Pero si rehúsa, está ciegamente luchando contra su propia felicidad, y al fin y al cabo se convierte en un desventurado.
3. Promete al vencedor que compartirá la gloria del trono de Cristo y que reinará con Él. Pero acuérdate de que vas a tener que seguirlo en humildad, en que te rechacen y en mucho sufrimiento.
4. Los que le sigan en humildad, rechazo y sufrimiento, le seguirán también en gloria. Y por última vez se aconseja al oyente que dé atención a la voz del Espíritu: hay que aprender a escuchar.
C. La imagen de nuestros propios días.
1. Laodicea presenta una viva imagen de lo que vivimos: vida cómoda por todas partes. Lo que se descubre es que el hermano busca una sola cosa, el bien suyo, y no a Cristo crucificado.
2. El cuerpo de Cristo no es buscar lo de uno: es buscar al Cristo crucificado, porque el crucificado resucitó al tercer día. Y para que el Espíritu Santo descendiera, Jesús tuvo que ser crucificado.
3. Dios conmueve, y el humano puede sentirlo, pero no está dispuesto a tener un corazón manso, porque quiere estar siempre hablando lo que opina y lo que sugiere; y el que tiene un espíritu manso está en silencio y doblega.
4. No se quieren las llagas de Cristo; se quiere corona más que cruces. Criticamos a todo el mundo y no nos lanzamos a luchar por nadie, y nos agitamos más por lo vano que por Cristo.
5. Hay poco sentimiento de necesidad espiritual y poco anhelo de un verdadero avivamiento. Avivamiento es cuando las vidas cambian, cuando el pensamiento se hace santo, cuando la compasión nos acompaña y cuando nos desesperamos por otro.
6. Acumulamos en lugar de abandonar y amontonamos tesoros en la tierra. Una casa no satisface y los ojos no se satisfacen; pero hacer el bien y levantar a los hijos mansos, eso sí. Esta es nuestra condición en víspera del regreso de Cristo. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
