"Buscad Su rostro. Cantad las grandezas del Señor". Debemos recordar Sus hechos, las maravillas que ha hecho en el pasado y hacer memoria de Su pacto contigo; las promesas incondicionales que ha hecho para nosotros el día que llegamos a Sus pies. No debemos orar por ayuda y alivio.
(Mateo 7:7) "Pedid, buscad y llamad".
"Se os abrirá."
¿Cómo has podido por ti mismo?
Cuán devastado puedes estar si no hay oración.
Se repite: "pedid, buscad y llamad", el mandato de orar está expresado en estos tres verbos que presuponen (obvio supuesto, verdadero el mismo objetivo, el fin al que se desea llegar o la meta que se pretende lograr).
"Pedid", quienes desean ser ricos en gracia y bendiciones de Dios han de dedicarse a este modestísimo oficio de mendigar y verán cuán productivo les resulta el negocio.
Pedir, expresa la exposición delante de Dios de tus necesidades y problemas.
"Buscad", se emplea para designar "algo valioso" (precisamente lo que tú necesitas) que hemos pedido; (Daniel 9:3) "volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración, súplica en ayuno, cilicio y ceniza". Es la única forma de obtener, hermano no son tus fuerzas o astucia.
"Llamad", como llama a la puerta quién quiere entrar en una casa. El pecado nos cierra la puerta de la comunión con Dios; "puestos en oración y arrepentirnos", decimos: "Señor, Señor, ábrenos" (Cantares 5:2). Cristo llama a nuestra puerta (Apocalipsis 3:20) y nos permite llamar a la Suya, cosa que no solemos permitir a los mendigos corrientes.
Buscad y llamad implica algo más que rogar y pedir, no hemos de contentarnos con pedir y preguntar, sino que hemos de buscar y mostrar nuestro interés por medio de nuestros esfuerzos; y si no lo hacemos por buscar lo que pedimos, quizás estamos tentando a Dios.
Dejar de parecer víctimas es meramente rebelde por lo que tú deseas, cuida tu carne que es traicionera.
No solo hemos de preguntar sino también llamar a la puerta de Dios e importunarle (Mateo 15: 21-28); no solo orar sino suplicar ardientemente como la cananea, en lucha con Dios, como Jacob, si bien no hemos de olvidar que es Dios quien inicia la pelea (Génesis 32: 24) para obligarnos a luchar en oración con Él.
El precepto (mandato, mandamiento, orden) de orar lleva anejo (unido, agregado, con dependencia, añadido) una promesa: nuestra labor en la oración si en verdad laboramos (labramos, faena, laborar, contrario a holgazanear) en ella, no quedará en vano.
Dondequiera que Dios encuentra "un corazón orante", será encontrado como un Dios escuchante; si se le ruega con corazón contrito y humillado, Él da respuesta de paz.
En efecto, hay promesa de Dios de que la oración tendrá una respuesta que corresponda exactamente al precepto (orden, mandato) de orar.
Dios saldrá al encuentro de los que le buscan: "pedid y se os dará"; no dice: "se os prestará, o se venderá", sino: "se os dará" y ¿hay algo tan generoso y barato como un regalo?
No hay más que pedir y ya lo tienes, no tienes lo que deseas, porque no fue pedido; ser derrotado o llevado a todo viento de doctrina; no hay oración.
(Santiago 4: 2-3) "Pedís y no recibís, porque pedís mal."
Lo que no se considera de suficiente valor para pedirlo, tampoco tiene suficiente valor para concederlo.
Haces mucho con tu esfuerzo humano y tienes, pero se te ha ocurrido pensar que lo de valor de Dios para ti se considera lo que nadie más puede hacer, solo Dios por Su grandeza y poder.
(Isaías 55:6) Buscad y hallaréis y entonces no habréis perdido vuestro trabajo.
Dios mismo es hallado por los que le buscan y si le tenemos a Él, ya tenemos bastante.
"Llamad y se os abrirá; la puerta de la gracia y de la misericordia ya no estará más cerrada contra vosotros, como contra enemigos e intrusos, sino abierta como a "amigos e hijos".
Si la puerta no se abre al primer toque, "permaneced constantes en la oración".
(Mateo 7: 8) "Porque todo aquel que pide recibe, sea quien sea en la tierra que va a Dios; todos son igualmente bien admitidos al trono de la gracia, si se acercan con fe, pues con Dios no hay favoritismo.
Nada es a nuestras propias fuerzas, no tenemos nada sobrenatural, lo que aprendemos por nuestras fuerzas.
La sabiduría o poder, para una vida así, nos ha de ser dada desde arriba.
De forma que aquí tenemos una invitación a pedir y seguir pidiendo; a buscar y seguir buscando; a llamar y a seguir llamando, en eso estriba (base o radica, descanso, apoyarse, fundarse, echar raíces).
La sabiduría y el poder para la vida cristiana se darán a todos los que oran por ambas cosas de manera ferviente (apasionado, fervoroso, ardiente) y persistente (constante, continuo, duradero), no en la necesidad mientras dura la circunstancia, es para siempre la búsqueda. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
