Ahora, cuando vemos el acusado contraste entre la carne y el Espíritu, ¿a qué conclusión llegamos? Que nada debemos a la carne, para que vivamos conforme a sus dictados. La vieja, antigua y corrompida naturaleza no ha sido nada más que un estorbo. Nunca nos ha hecho bien. "Si Cristo no nos hubiese salvado, "la carne" nos habría arrastrado a los más profundos, negros y ardientes lugares del infierno. ¿Qué obligación podemos sentir para con tal enemigo? (13)
Los que "viven" conforme a la "carne", han de morir.
Han de "morir", no solo físico, sino "eternamente".
Vivir "conforme a la carne" es "no ser salvo".
Está claro en el versículo 4 y 5.
Pablo tenía gran razón para escribir estas palabras a los que eran cristianos.
Era una gran advertencia y de autoexamen en sus cartas, sabiendo que en cada congregación puede haber aquellos que nunca han sido genuinamente salvados.
Describe lo que es característicamente cierto de los creyentes genuinos.
Por la "capacitación" del "Espíritu" Santo hace "morir las obras de la carne".
Gozan ahora de la vida eterna, y entrarán a la vida en su plenitud cuando "abandonen esta tierra".
(14) Otra forma de describir a los verdaderos creyentes es decir que "son guiados por el Espíritu de Dios".
Pablo no está refiriéndose aquí a casos espectaculares de guía divina en las vidas de eminentes cristianos, sino refiriéndose a lo que es cierto a todos los hijos de Dios, esto es, que "son guiados por el Espíritu de Dios".
No es cosa del grado en que se dan al Espíritu Santo, sino de una relación que se inaugura en el momento de la conversión.
Al llegar a Dios como hijo implica recibir (aceptar) "a la familia de Dios", con "todos los privilegios y responsabilidades de hijos adultos". (no eres niño.)
(15) Cuando una persona ha nacido de nuevo, no nace a una posición de servidumbre.
No es introducido en la casa de Dios como un esclavo, sino que recibe "el espíritu de adopción"; es decir, es puesto en la familia de Dios "como un hijo maduro".
Por un instinto espiritual verdadero levanta la mirada a Dios y lo llama "Abba", Padre, Papa.
Espíritu de adopción significa "posicionamiento de hijos maduros" y "adultos" (no niño) con todos los privilegios y responsabilidades de la filiación (busca establecer la paternidad o maternidad legal de una persona sobre otra.)
Cada creyente es niño de Dios en cuanto a que ha nacido en una familia de la que "el Padre es Dios".
Pero cada creyente es además hijo- una relación especial que conlleva los privilegios de alguien que ha "alcanzado la madurez" de la edad adulta.
(16) Hay un instinto espiritual en el creyente recién nacido que le da la "certidumbre de que es hijo de Dios".
El Espíritu Santo se lo dice.
El Espíritu mismo da juntamente testimonio al espíritu del creyente "de que" es miembro de la familia de Dios.
Al ir el creyente leyendo la Biblia, el Espíritu le confirma la verdad de que, al haber confiado en el Salvador, es ahora un hijo de Dios.
(17) La membresía en la familia de Dios da unos privilegios que "van más allá" de nuestra capacidad de "comprensión".
Todos los "hijos" de Dios son "herederos de Dios".
Un heredero, naturalmente, llega a heredar las posesiones de su padre.
Esto es precisamente lo que se indica aquí.
Todo lo que el Padre tiene es nuestro.
No hemos entrado aún en la tierra prometida y el disfrute de todo ello, pero nada puede impedir que así sea en el futuro.
Y somos "coherederos" con Cristo.
Cuando Él vuelva para tomar el cetro del gobierno universal, nosotros compartiremos con Él los derechos de propiedad de toda la riqueza del Padre.
Cuando Pablo añade, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos "glorificados", no está haciendo de un sufrimiento heroico la condición de nuestra salvación.
Tampoco está describiendo a una élite o círculo interno de vencedores que hayan sufrido grandes aflicciones.
Más bien, contempla a "todos" los cristianos como conjuntamente padecedores y a todos los cristianos como glorificados juntamente con Cristo.
El "si" es equivalente a "por cuánto."
Es de saber, los hay que sufren más que otros en la causa de Cristo, y ésta tendrá como resultado diferentes grados de recompensa y de gloria.
Pero todos los que reconocen a Jesús como Señor y Salvador son contemplados aquí como si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados (reconocer y ensalzar). Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
