(1 Juan 2:28) Juan les escribe a todos los amados hijitos de la familia de Dios y les exhorta con estas palabras: Permaneced en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y en su venida no seamos avergonzados. Los apóstoles enseñaban y hoy en día se enseñan las enseñanzas sobre nuestro Dios y si no siguen fieles al Señor, los apóstoles que los habían conducido a Cristo quedarían avergonzados en la venida de Cristo. Lo importante que es el esfuerzo de enseñar. Sería triste la posibilidad de ser avergonzados cuando Cristo venga.
Nadie nos quite lo que hemos oído el día que nos convertimos.
Hay muchos que lo pierden por los falsos que llegan y son muchos para quitarnos la fe que hemos aprendido en Cristo Jesús.
(1 Juan 2:29) Todo el que hace justicia es nacido de Dios.
Por cuanto Dios "es justo", sugiere que todo lo que "Él hace es justo y por ello, todo aquel que es nacido de Él es justo.
Así lo cree Juan y está seguro de lo que cree.
Dentro de todo el ser de Juan de haber nacido de Dios lo lleva a hacer una pausa, lleno de maravilla y a llamar a sus lectores a contemplar el maravilloso amor en el cual hemos sido introducidos en la familia de Dios.
(V. 2) Lo sublime del "amor" de Dios se muestra en que nos ha hecho parte de "Su familia" como hijos: Mirad que amor tan sublime (extraordinariamente bello, gran emoción) nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
Al andar en nuestro camino cotidiano; el mundo no nos reconoce como hijos de Dios.
El mundo no nos comprende ni comprende por qué nos comportamos como lo hacemos.
Observemos cual amor nos ha "dado" el Padre para que seamos "llamados hijos de Dios."
Desde luego, el mundo no comprendió al Señor Jesús cuando estuvo aquí.
Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por medio de Él, pero el mundo no le conoció.
Tenemos los mismos rasgos que el Señor Jesús, tampoco podemos esperar que el mundo nos comprenda.
(V. 2) Sin embargo, comprendidos o no, ahora somos hijos de Dios; y ésta es la garantía de la gloria futura.
Todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Cristo se manifieste; seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es.
No será físico; Jesús tendrá su propia apariencia concreta y llevará las cicatrices del Calvario por toda la eternidad.
Cada uno de nosotros creemos, tendremos nuestros propios rasgos característicos y seremos reconocibles como tales.
Seremos moralmente como el Señor Jesucristo.
Estaremos exentos de la posibilidad de contaminación, de pecado, de enfermedad, de dolor y de muerte.
¿Y cómo se conseguirá esta maravillosa transformación?
Una mirada a Cristo la llevará a cabo.
"Porque le veremos tal y como Él es."
Está en marcha el proceso de ir transformándonos a semejanza de Cristo, al contemplarle por la fe en la palabra de Dios.
Luego este proceso quedará absolutamente cumplido cuando le veamos tal como Él es; porque verlo es ser como Él.
(V. 3) Todo aquel que tiene esta esperanza de ver a Cristo y de ser como Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro.
Aquel que tiene una esperanza del inminente regreso de Cristo tiene una influencia santificadora en la vida del creyente.
Si no te purificas es porque no crees que Él venga por ti.
El creyente no quiere hacer nada que no quiera estar haciendo cuando Cristo regrese.
Mira lo que dice: Se purifica a sí mismo, así como Él es puro.
Jesús es puro.
Para nosotros, se trata de un proceso gradual; para Él "es un hecho."
(V. 4) Lo contrario a purificarse a uno mismo se encuentra en el versículo.
El pecado es iniquidad (inicuo, maldad, perversidad, gran injusticia).
Cuando se hace anarquía, levantarse en contra de Dios, rechaza al Señor como Soberano de derecho: Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción (incumplimiento) de la ley.
Practica es cuestión de una práctica habitual.
Es levantarse contra Dios.
Es rechazar reconocer al Señor como Soberano de derecho.
En esencia es poner la propia voluntad por encima de la voluntad de Dios.
Es oposición de una Persona Viviente a Dios; que se insubordina- con fuerza contra el dominio y orden de Dios, "quien tiene derecho a ser obedecido."
(V.5) Se manifestó para quitar nuestros pecados.
Un cristiano no puede persistir en el pecado porque ello significaría una negación total del propósito para el cual el Señor Jesús vino al mundo.
Se manifestó (apareció) para quitar tus pecados; por tanto, persistir en pecado es vivir en total olvido de la razón de Su Encarnación.
Una vez más, el cristiano no puede persistir en el pecado porque eso significaría una negación de Aquel cuyo nombre lleva.
"No hay pecado en Él."
¿Tú quieres pecar?, Él no puede estar en ti.
Juan dice: "No hay pecado en Él."
(V.6) Todo aquel que permanece en Él no continúa pecando; todo aquel que continúa pecando, no le ha visto, "ni le ha conocido."
Una manera definida del verdadero creyente que no persiste en pecar.
Juan, quiere poner en guardia a cada creyente y deja la carga de la prueba sobre el cristiano mismo.
(V. 7) Hijitos, nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, como Él es justo.
Aquí no debería haber confusión alguna: uno no puede tener vida espiritual y seguir viviendo en pecado.
En cambio, un hombre solo puede practicar la justicia si tiene la naturaleza de Aquel que es justo.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
