La bondad de Dios al prometer al Mesías antes de pronunciar la sentencia en los versículos que siguen. Este versículo se conoce como el Primer Evangelio. Podemos ver aquí (V. 5) una misericordiosa promesa acerca de Cristo como el libertador del hombre caído del poder de Satanás. La oyeron ya nuestros primeros padres, quien, sin duda, vieron que se les abría una puerta de esperanza.
I. Se les notifican aquí tres cosas con respecto a Cristo:
Su encarnación, pues había de ser la simiente (grano contenido en el interior del fruto de una planta, puesto en las condiciones adecuadas, germina y da origen a una nueva planta de la misma especie) de la mujer; por eso, su genealogía en Lucas 3 se remonta hasta mostrar que es hijo de Adán, pero Dios otorga a la mujer el honor de llamarle más bien simiente de ella, porque era ella a quien el diablo había engañado y a quien Adán había echado la culpa; en lo cual Dios engrandece su gracia, ya que, aunque la mujer fue la primera en la transgresión, será salva criando hijos; esto es mediante la simiente prometida que descenderá de ella (1 Timoteo 2:15); Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia. Igualmente iba a ser simiente sólo de la mujer, virgen.
Sus padecimientos y su muerte, indicados por la herida producida en su talón por Satanás, esto es en su naturaleza humana, Satanás tentó a Cristo en el desierto para hacerle caer en pecado; y algunos piensan que fue Satanás quien aterrorizó a Cristo en su agonía para llevarlo a la desesperación. Fue el diablo quien puso en el corazón de Judas traicionar a Cristo, en el de Pedro para negarle, en el de los principales sacerdotes para procesarle, en el de los falsos testigos para acusarle, y en el de Pilato para condenarle teniendo en todo esto el objetivo de arruinar la salvación al destruir al Salvador; pero, por el contrario, fue por medio de su muerte como Cristo anuló al que tenía el dominio de la muerte (Hebreos 2:14). El talón de Cristo fue herido cuando sus pies fueron traspasados y clavados en la cruz, y los sufrimientos de Cristo se continúan en el sufrimiento de los santos por su nombre (Col. 1:24); qué glorioso; "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración (gobernar, organizar) de Dios. El diablo les tienta, los echa en la cárcel, les persigue y mata, "y así hiere el talón de Cristo", quien es afligido en las aflicciones de ellos. Pero, mientras el talón es herido en la tierra, es bueno que la cabeza está a salvo en el cielo, y te defiende porque tú padeces, pero a Él no se le puede hacer daño, pero como Él lleva la administración de la Iglesia, sale a favor de ella.
Su consiguiente (que depende, seguir, luego) victoria sobre Satanás. Satanás había ahora insultado y pisoteado a la mujer; pero la simiente de la mujer había de surgir (salir) en el cumplimiento del tiempo para triunfar sobre él (Col. 2:15) y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz. Le herirá en la cabeza, esto es, destruirá todas sus tácticas y todos sus poderes, y trastornará totalmente su reino y sus intereses. Cristo frustró las tentaciones de Satanás; con su muerte "acertó un golpe mortal al reino del diablo", "una herida en la cabeza de esta bestia que nunca será curada."
La bondad de Dios al prometer al Mesías antes de pronunciar la sentencia en los versículos que sigue.
Ahora se le es pronunciado la sentencia a la mujer por su pecado.
El pecado lleva consecuencias inevitables.
La mujer fue sentenciada al sufrimiento en el parto.
Criar hijos; pero incluye pesar y miedo.
El pecado trajo pesadumbre "tristeza, pena, pesado." Al mundo; si no hubiésemos conocido la culpa, no habríamos conocido el pesar.
No es de extrañar que se aumenten nuestros dolores cuando se aumentan nuestros pecados.
Cuando se crían hijos se multiplican los dolores y si los hijos salen malvados e insensatos (buen juicio, prudencia o sabiduría), resultan ser una carga, más que nunca, para aquella que los dio a luz.
La entrada del pecado ha hecho de este deber, a esposas ser sumisas a vuestros maridos, un castigo que de otro modo no hubiera existido.
Si Eva no hubiese comido del fruto prohibido ni hubiese tentado a su marido a comer también, él nunca habría podido quejarse de su sujeción, por tanto, no es de quejarse de ello, lo que debe ser motivo de queja es el pecado.
Tiempo difícil, cada cual hace lo que quiere, por tal razón lo que se vive en pecado, y es la consecuencia de tantos fracasos y traición en el matrimonio. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La Aurora Del Día Del Evangelio
Génesis 3:15-24
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Antes de pronunciar la sentencia, Dios en Su bondad prometió al Mesías. Este versículo se conoce como el Primer Evangelio: la promesa de Cristo como libertador del hombre caído del poder de Satanás, una puerta de esperanza que ya oyeron nuestros primeros padres. Estos son los puntos para la semana.
- Su encarnación: sería la simiente de la mujer. Dios le da a ella ese honor porque fue a quien el diablo engañó y a quien Adán culpó; así engrandece Su gracia. Sería simiente solo de la mujer, virgen.
- Sus padecimientos y su muerte, en la herida del talón. El diablo movió a Judas, a los sacerdotes, a los falsos testigos y a Pilato para destruir al Salvador, pero por Su muerte Cristo anuló al que tenía el dominio de la muerte.
- Los sufrimientos de Cristo continúan en los santos: cuando el diablo los tienta, encarcela o persigue, hiere el talón de Cristo. Pero la cabeza está a salvo en el cielo, y Él sale a favor de Su Iglesia.
- Su victoria sobre Satanás: le herirá en la cabeza. En la cruz despojó a los principados y potestades, y con Su muerte le dio al reino del diablo una herida que nunca será curada.
- Luego vino la sentencia a la mujer. El pecado lleva consecuencias inevitables: dolor en el parto, pesar y miedo al criar los hijos. Si no hubiésemos conocido la culpa, no habríamos conocido el pesar.
- La entrada del pecado hizo de la sujeción de la esposa un castigo que de otro modo no hubiera existido. No es de ella que hay que quejarse; el motivo de queja es el pecado.
- Hoy cada cual hace lo que quiere, y esa vida en pecado es la consecuencia de tantos fracasos y traiciones en el matrimonio.
Cuando te duelan las consecuencias del pecado, en vez de quejarte, dale gracias a Dios cada día por la promesa cumplida en Cristo, que hirió la cabeza del enemigo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Talón Herido, Cabeza Aplastada
Génesis 3:15-24
Para leer en voz alta con los niños
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios le dijo a la serpiente que un hijo de la mujer le aplastaría la cabeza, aunque ella le mordería el talón. Ese hijo prometido es Jesús, y esa fue la primera buena noticia de la Biblia.
- Adán y Eva acababan de desobedecer. Pero antes de darles el castigo, Dios les dio una promesa de esperanza. ¡Así de bueno es Dios!
- Dios prometió que de la mujer nacería un Salvador. Muchos años después nació Jesús de la virgen María, tal como Dios lo había dicho.
- La serpiente le mordería el talón: eso fue cuando Jesús sufrió y murió en la cruz. El diablo pensó que había ganado.
- Pero Jesús le aplastó la cabeza: con su muerte en la cruz venció al diablo y a todo su reino. Esa herida en la cabeza nunca se va a curar.
- Aun así, el pecado trajo dolor. Eva tendría dolor al tener hijos y tristeza al criarlos. Desobedecer a Dios siempre deja consecuencias que duelen.
- Cuando alguien te moleste por amar a Jesús, recuerda que Él está en el cielo cuidando a su iglesia, y sale a tu favor.
¿Por qué Dios dio una promesa antes del castigo?
Esta semana, antes de dormir, dale gracias a Jesús por haber vencido al enemigo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
